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Relatos y aplausos

OPINIÓNACTUALIZADA 30/06/2021 A LAS 05:00
aplausos
'Relatos y aplausos'
ISM

Una de las enfermedades políticas de nuestro tiempo es la narración. 

Creo que somos muchos los ciudadanos que estamos muy cansados de aquellos que, cada vez más, deforman la realidad hasta transformarla en relatos paralelos que no coinciden ni por casualidad. Frente al relato del dolor y la consternación que hemos sufrido, hoy quiero anteponer el relato del recuerdo y el del reconocimiento.

Ha terminado el curso escolar que yo califiqué, en estas mismas páginas, como el más difícil de las últimas décadas. Cuando comenzó teníamos muchas dudas de que fuera posible la presencialidad en las aulas. Dada las condiciones que había que mantener en ellas, distancia, mascarillas, junto con una compleja organización en los centros educativos. En el relato del alemán Andreas Schleicher, padre del informe PISA, la mayor y más influyente prueba educativa internacional, organizada por la OCDE, señala que: "El caso de España ha sido muy impresionante. Cuando se produjo el cierre escolar el país también fue muy rápido a la hora de establecer una alternativa digital. Las autoridades lo han hecho bien". Y añade que la clave es la importancia que el país da a la educación. Se pregunta qué hay que hacer y qué hemos hecho: "¿Cerrar las escuelas o los centros comerciales?". Y concluye que lo importante es: "Tener profesores que puedan manejar bien la pandemia en la escuela".

El relato de lo ocurrido durante la pandemia no estaría completo sin el reconocimiento al trabajo realizado por los docentes para mantener en marcha las escuelas

Todavía recuerdo cómo salía todos los días a aplaudir a mi balcón y al hacerlo me acordaba de las que consideraba mis heroínas, porque, como mujer, las sentía más cercanas. Ellas eran las sanitarias, las cuidadoras, que trabajan en condiciones precarias y que están arriesgando su salud, como lo son todas los que saliendo de sus casas y pusieron en marcha los servicios imprescindibles para nuestra sociedad. Ellas con su trabajo nos demostraron que todos somos vulnerables y que, en un momento u otro, vamos a necesitar ayuda. Desde el compromiso de lo que llamamos la sociedad de los cuidados, una sociedad mucho más humanizada no solo desde nuestras potencias sino también desde la perspectiva de nuestras debilidades.

La filósofa Victoria Camps acaba de publicar ‘Tiempo de cuidados’, una oportuna aportación a la reflexión en plena crisis de la covid, donde resalta el valor del cuidado. Para ella la ética del cuidado pone en el centro de la reflexión moral el deber de cuidarnos unos a otros y también el derecho a ser cuidados cuando lo necesitemos. "Hablar del valor y la necesidad del cuidado es subrayar la interdependencia de los humanos, una realidad que la lógica individualista propiciada por el liberalismo y la economía de consumo ha ignorado. La pandemia nos ha hecho abrir los ojos sobre nuestra fragilidad". Y como en otras profesiones claramente feminizadas ella señala: "Al cuidado se le ha dado poco relieve hasta hace poco porque ha sido un trabajo invisible, a cargo de la familia y de las mujeres. Eso es lo primero que hay que corregir. La obligación de cuidar es de todos ya que todos somos demandantes de cuidados".

O al esfuerzo de los sanitarios y de tantas personas, sobre todo mujeres, que nos han cuidado

Mi relato en positivo no puede olvidar la capacidad de la sanidad pública en la campaña de vacunación. De la misma manera que en la escuela sus docentes, los profesionales de la salud han tomado iniciativas y han realizado cambios que han permitido salvar a miles de pacientes. Ese efecto innovador se ha expresado en nuevas pruebas diagnósticas, nuevos tratamientos y vacunas, y, de forma más invisible, en la forma de organizar los recursos humanos en equipos, en la gestión proactiva de pacientes en los centros asistenciales, en el uso de consultas por internet para atender a distancia, etc. La pandemia ha puesto de relieve que hay cosas en las que no podemos trabajar solos. Hemos hablado y mucho de la cogobernanza en nuestro país y yo añadiría la europea. Piensen qué habría sucedido si las vacunas, como pasó con las mascarillas, hubiéramos tenido que comprarlas en el mercado libre; y pregúntense quiénes estarían hoy vacunados.

El aplauso (del latín ‘applaudere’) es principalmente la expresión de aprobación o entusiasmo. Con nuestras palmadas creamos ruido. Mi deseo sería que lo que empezó hace un año permanezca. Y como espectadora agradezco que nos hayan posibilitado mostrar nuestro entusiasmo con nuestros aplausos, en este periodo difícil, a la Sociedad Filarmónica y al Auditorio de Zaragoza.

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