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Cartas al director de HERALDO: 'Los ‘ilustres bajitos’ del Pirineo aragonés'

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 26/06/2021 A LAS 05:00
Imagen de la Peña Oroel y su entorno.
Imagen de la Peña Oroel y su entorno.
Soledad Campo

Los ‘ilustres bajitos’ del Pirineo aragonés

La montaña tiene un magnetismo especial y a los que nos gusta nos atrae, nos reta continuamente y nos realiza. 

En el Pirineo aragonés mucha gente se marca los retos de los picos de tres mil metros, ya que, más o menos, es la máxima altitud existente, pero nos olvidamos de esos picos más bajos, esos ilustres bajitos, de dos mil metros, que para los principiantes o gente en el ocaso, por su accesibilidad, constituyen un placer, una satisfacción indescriptibles. Cabe citar entre ellos: Peña Oroel (1.769 m), Gratal (1.543), Peiró (1.106 ), Borreguil de la Cuca (2.096 ), Pico de los Monjes (2.347), la Raca (2.278), Oturia (1.921), el Pico Pacino (1.965), Cuculo (1.549) y otros muchos. Todos ellos tienen un denominador común, además de la escasez de riesgo en su ascensión; es que cuando llegas arriba tienes una contemplación infinita, una panorámica de 360 grados interminable, sobre todos aquellos que presiden majestuosos, las llanuras, en alguna val o en zonas más enriscadas, aquellos que se encuentran vigilados y salvaguardados por los colosos de tres mil metros, protegiéndolos de todos los vaivenes e inclemencias meteorológicas. Las ascensiones en muchas zonas están revestidas por bosques caducifolios. Es un bioma que suele estar lleno de hojarasca, rico en nutrientes y aquí se alimentan los jabalíes, osos. Los sarrios, expectantes, se encuentran mucho más arriba, ojo avizor de todo lo que ocurre por debajo de sus pezuñas. Y también desde aquí puedes reflexionar, hacer introspección sobre ti mismo. Encuentras esa paz, esa lentitud que abajo todo es rapidez, te das cuenta de lo deprisa que vas sin descubrir las cosas, vives el presente con intensidad y sin querer languideces el futuro. Aquí hay soledad y recogimiento, abres los ojos, abres la mente, miras al infinito y sueñas.

Mariano Aguas Jáuregui. Zaragoza

'Desde el Puente de Piedra'

Ángel Lizcano y Eliseo Meifrén pintaron dos excelentes vistas del Puente de Piedra y del Pilar de Zaragoza; la del primero está hecha desde la desembocadura del Huerva, y la del segundo desde el cuartel de San Lázaro. Son dos vistas del río Ebro al atardecer que pueden ser apreciadas en nuestro Museo Goya. Los paseos al atardecer por nuestro bello Puente de Piedra nos daban una imagen preciosa de los cielos de Zaragoza, con sus incomparables colores, y el Moncayo en el horizonte. Pues hoy, si se dan un paseo y miran río arriba, podrán ver que una enorme mole de cemento horrorosa, al mejor estilo soviético, tapa el Moncayo, privándonos de estas vistas y trayéndonos a nuestra triste realidad urbanística desenfrenada por un mal entendido desarrollo. Una pena que muestra la escasa sensibilidad de nuestros gestores urbanísticos.

Gustavo María Levrino. Zaragoza

'Violencia de género: el foco en el agresor'

Toda persona tiene el derecho a que el Estado vele por su integridad física, y son muchos los mecanismos y organizaciones que se disponen para ello. La pandemia ha puesto de actualidad la necesidad de enfrentarse a los problemas de salud mental. También hemos visto las alarmantes cifras de suicidios que se producen. En España, diez al día: las muertes por suicidio superan a las de violencia de género. Pero hay unas muertes por las que nadie sentimos preocupación alguna, ¿quizá porque son unos asesinos o delincuentes? Son las muertes de quienes tras cometer la atroz barbarie de quitar la vida a otra persona se suicidan. Se dice que el suicidio entraña la pérdida del sentido de la vida cuando se enfrentan a una situación de dolor emocional intenso vivido como intolerable, situación que en estos casos parece tener una causa detonante identificada. Matar no es una enfermedad mental, pero cuando alguien mata y se suicida quizá nos esté dando una pista para impedir algunos trágicos y execrables desenlaces. Hemos avanzado mucho en cuanto a la violencia de género, sobre todo en la protección de quien la sufre, se ha conseguido un pacto de Estado y se han derivado recursos a intentar evitar que se produzca; pero no creo que nadie esté satisfecho de los resultados. «Algo está fallando cuando no se está llegando a tiempo para proteger a estas mujeres», pero, ¿es una cuestión de tiempo? Por fin hemos oído que quizá haya que poner el foco de nuestra actuación en los agresores. Si se consiguiera acercarse al agresor, como el psiquiatra se acerca al presunto suicida, quizá estaríamos ante una auténtica forma de abordar una parte del problema. Esta necesidad de poner el foco en el futuro agresor y suicida obligará a una mayor participación de los técnicos psicólogos y psiquiatras en la valoración de las denuncias. Pero no pensemos que con poner un teléfono al que pueda llamar el agresor hacemos algo.

Luis Miguel Vernet Gómez. ZARAGOZA

'Historias de México'

El pasado miércoles asistí a la presentación de una novela histórica de México en el museo Pablo Serrano de Zaragoza. Un amigo me recomendó ir a escuchar al autor, un escritor discreto en las formas y poderoso en el fondo, pues se trata de una persona ilustrada y bien documentada, con una cuarentena de libros publicados. En este caso, ‘Conjura en Nueva España’ se centra en México en el año de la conquista; una rebelión iniciada por los encomenderos a causa de las Leyes Nuevas que les perjudicaban. Un hecho poco conocido y bien explicado por el autor José Garrido Palacios; un hecho que generó mucho dolor y sufrimiento por la falta de pericia de los gobernantes de aquel tiempo. La presentación o, mejor aún, la explicación de la historia de México de hace quinientos años fue una gran ocasión para recordar errores pretéritos y reflexionar sobre lo sucedido. Las páginas del libro destilan un gran afecto a esa tierra y a los hombres que la habitaron, españoles e indígenas.

Francisco Grande. ZARAGOZA

'Un hurra por los ángeles de la sanidad'

Quería felicitar al personal sanitario de Urgencias del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, que tan bien me atendió el día 13 de este mes. Me encontraba paseando por la ciudad, como turista venido de Madrid, y empecé a sentir una molestia a la altura del diafragma. No se me pasaba ni reposando, así que decidí acercarme al hospital y me atendieron enseguida y la mar de bien, todos muy profesionales. Afortunadamente no era nada grave ni tenía que ver con problemas cardíacos. Un hurra por estos ángeles de la sanidad a los que tanto debemos y que merecen un monumento.

Francisco Miguel Mostazo Álava. TRES CANTOS (MADRID)

Las cartas al director no deben exceder de 20 líneas (1.500 caracteres) y han de incluir la identificación completa del autor (nombre, apellidos, DNI, dirección y teléfono). HERALDO se reserva el derecho de extractarlas y publicarlas debidamente firmadas.

cartas@heraldo.es

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