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La trampa de Teruel Existe

OPINIÓNACTUALIZADA 10/06/2021 A LAS 05:00
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'La trampa de Teruel Existe'
Heraldo

Por lo que cuentan y se lee en los medios, los líderes de Teruel Existe quieren convertir su organización en un partido político con aspiraciones. 

Si dan ese salto serán uno más a comer de la tarta. Conseguirán fragmentar más el panorama político de nuestro país, de Aragón. Lo cual permite constatar al menos dos inercias. La primera es la sincera necesidad de renovar la dinámica de los partidos políticos instituidos. La segunda, el oportunismo astuto de quienes recogiendo el malestar ciudadano hacen su propio negocio.

Respecto de esa necesaria renovación, que tuvo su punto álgido hace una década con el 15-M, ya hemos visto por qué derroteros nos ha llevado. De aquellos sueños hemos derivado a unas cuantas frustraciones. Precisamente por el oportunismo de quienes astutamente se subieron a la indignación adobada por los buenos deseos. No hace falta explicar el daño que ha hecho Pablo Manuel Iglesias y siguen haciendo sus secuaces a las expectativas de reforma. Y lo que nos queda por ver de la mano de Santiago Abascal y los suyos. Las fantasías y promesas populistas son lo que son. Vienen cargadas de ‘pueblo’ y socavan los cimientos de la sociedad. En ese ir y venir nos volvemos a encontrar con viejos problemas, si es que se pueden llamar así.

Aragón y España necesitan una reforma del sistema de partidos y de la Administración para mejorar la democracia ‘de baja intensidad’ que nos ha traído hasta aquí

En España es necesaria una reforma del sistema de partidos y de las administraciones públicas para erradicar el clientelismo, la corrupción de baja y gran intensidad, la ineficiencia y la falta de equidad. Es inaplazable la separación clara de poderes donde jueces y fiscales no sean peones a la sombra del gobierno de turno. Es fundamental la redistribución de las cargas y de la riqueza, especialmente para evitar la desigualdad creciente y el daño a las clases medias que ha alimentado la pandemia. Y en ello el aseguramiento del principio de igualdad como ciudadanos –independientemente de los territorios donde se decida vivir– es un asunto esencial. Esto va acompañado de la apertura de las listas de los partidos, de la modificación del sistema electoral y de la revisión del modelo autonómico para cerrar lo iniciado con la Constitución de 1978. Ha llegado el momento de pensar en el conjunto y no sólo en los intereses particulares. Es decir, si durante el régimen franquista España era una y grande, ahora tenemos que hacer una que sea mejor, plural y cohesionada.

Para ello, en Aragón necesitamos más aragonesismo gestionando mejor nuestro propio país y haciendo una mejor España. Y esto desde dos principios clave, el de la solidaridad y el de la subsidiariedad. No tiene sentido poner fronteras y trazar demarcaciones de privilegios, pero sí cuidar mejor lo que nos corresponde, teniendo nuestra casa dispuesta para la hospitalidad. Por eso mismo, todo lo que se pueda hacer desde aquí se ha de reclamar, sin ser ni más ni menos que nadie, pero sin esperar con ello obtener ventajas que castiguen a nuestros vecinos ni a nosotros.

Pero fragmentar más el panorama político de manera oportunista no es el camino

La política no es sólo la conquista del poder para gobernar. Es también un sueño, una aspiración para hacer mejor la vida en común. Ahí se refleja la tensión entre el servicio y el beneficio que conecta con el para qué de la política. Es obvio que un sociedad como la nuestra requiere de personas dedicadas a la vida pública, a la política en su sentido más noble. Pero esa necesidad que nos debería convocar a todos, tal como son las circunstancias, sólo da para un sistema representativo, donde por delegación esperamos que quienes nos representan hagan bien su tarea. Nos toca arrimar el hombro para superar la democracia de baja intensidad que nos ha traído hasta donde estamos. Y hemos de evitar las triquiñuelas de unos pocos que se les ilumina la meninge y el bolsillo para terminar empeorando lo que tenemos. Esas promesas no dejan de ser una argucia con la que sacar tajada del río revuelto.

¿Qué hemos aprendido estos años? Cada quien tendrá sus conclusiones. Basta pensar en ese listo con coleta que peleaba contra la casta, vivía en un barrio y ahora se ha convertido en aquello contra lo que decía luchar. O mirar al doctor Sánchez, mintiendo sin rubor, instalado en el poder con tal desvergüenza que no tiene pudor en deshacer la casa común con tal de seguir aprovechándose de su posición. Otra trampa más no, por favor.

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