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Civilización

Por
  • Francisco José Serón Arbeloa
OPINIÓNACTUALIZADA 07/06/2021 A LAS 05:00
Opinión
'Civilización'
POL

Hace muchos años, un estudiante le preguntó a la antropóloga estadounidense Margaret Mead (1901-1978) qué era lo que ella consideraba la primera señal de la civilización en una cultura. 

El alumno esperaba que Mead hablara sobre anzuelos, ollas de arcilla o piedras de afilar. Pero no, Mead dijo que la primera señal de civilización en una cultura antigua era un fémur (hueso del muslo), roto y cicatrizado.

Mead explicó que, en el reino animal, si te rompes la pierna, mueres. No puedes correr para huir del peligro, ni ir al río para beber agua o cazar comida. Eres carne fresca para los depredadores. Ningún animal sobrevive a una pierna rota el tiempo suficiente para que el hueso se cure. Un fémur roto que cicatrizó es evidencia de que alguien tuvo tiempo para quedarse con el que cayó, trató su herida, lo llevó a la seguridad y cuidó de él hasta que se recuperó. "Ayudar a alguien durante la dificultad es donde comienza la civilización", dijo Mead. Esta historia la recibí por Whatsapp y la podrán encontrar por la red abundantemente repetida.

Una sociedad civilizada debería garantizar a todos un cierto nivel de bienestar,
ausencia de desigualdades notorias y la desaparición de la pobreza

Moraleja: Desde este punto de vista, los países civilizados son aquellos capaces de ofrecer a toda su población un bienestar social, una ausencia de desigualdades notorias y la desaparición de la pobreza. Sin olvidar que uno de los recursos clave para conseguirlo es y será que cada ser humano esté bien formado, altamente motivado y tenga capacidad de adaptación.

Después de que usted realice una corta reflexión sobre lo leído hasta aquí, llegará a la evidencia de que ningún país lo ha conseguido. Ya sé que hay países y países. Pero mi afirmación es correcta, no hay ninguno que lo haya conseguido.

El desarrollo económico es sin duda una de las bases del bienestar social. A partir de este incuestionable principio es fácil caer en el error de aceptar este desarrollo como finalidad y el bienestar como efecto colateral. Para evitar esta subordinación hay que obviar los prejuicios de que las desigualdades tienen su origen en la fatalidad o en los tradicionales vicios, como la pereza, el juego o la bebida… Y no aceptar esas afirmaciones fácilmente propagadas sobre la inevitabilidad estructural del paro como un mal con el que vamos necesariamente a tener que convivir, causado entre otras muchas cosas por la tecnología, el crecimiento demográfico, la falta de recursos…

Para mí, es evidente que los desequilibrios sociales siempre se han nutrido de decisiones adoptadas por ciertas personas o grupos con marcadas tendencias sociopáticas, o depredadoras, u oportunistas o psicopáticas, que campan a sus anchas por los tres poderes: el económico, el social y el político. Sin olvidar una política monetarista basada en la competitividad de las economías, que es lo que se enseña y se aplica habitualmente ante la carencia de ideas más creativas y una aceptación casi inevitable de todo ello por parte de sociedades miedosas y adocenadas.

El desarrollo
económico ha de ser una de las bases del bienestar social y no un fin en sí mismo

También es evidente que todos los países, incluso los más avanzados, se enfrentan al problema de que los agentes económicos que son capaces de explotar las oportunidades son los receptores de los beneficios de la productividad, mientras que normalmente a los seres menos cualificados se les va condenando gradualmente a la marginación social. Observando con preocupación que los niveles de cualificación de los desheredados son cada vez mayores. De seguir así, no hay que ser muy lince para entrever que el medio plazo no va a ser demasiado interesante para nadie, ya sea de manera personal o de manera colectiva.

Resumiendo, la creación de riqueza es esencial para el progreso social, y el progreso social es esencial para el desarrollo económico, ambos aspectos están en el mismo nivel de importancia. Y no olvidemos que para alcanzar ambos objetivos es necesario el respeto al medio ambiente, recordemos que hay que cuidar a la Tierra, ¡es el único planeta conocido con agua, cerveza y vino, a pesar de los caciques!

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