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la firma

La huella de Delfos en Graus

Por
  • Francisco Marco Simón
OPINIÓNACTUALIZADA 03/05/2021 A LAS 05:00
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'La huella de Delfos en Graus'
Pixabay

Delfos es el principal centro religioso de Grecia ya desde el siglo VII a. C. 

En él se llevaban a cabo consultas oraculares a Apolo, cuyas respuestas hacía llegar la Pitonisa (Pythia) en un estado de trance provocado quizás por los vapores surgidos desde una falla sobre la que estaba construido el templo, aunque lo más probable es que fuera la posesión por la divinidad lo que le provocara el éxtasis. En el oráculo délfico se hacían preguntas personales o políticas por parte de particulares o de magistrados representantes de las diversas ciudades-estado. Apolo, dios oracular, era al mismo tiempo el dios de la purificación. Él mismo hubo de purificarse tras dar muerte a la gran serpiente Python (Pytho es el nombre antiguo de Delfos), manifestación animal de la diosa señora del santuario en épocas anteriores, quizás Gea. Situado bajo el monte Parnaso, sede de las Musas, el santuario encauzó un legalismo que exigía pureza ritual e incluso moral. Por ello, los intentos de llevar a cabo legislaciones o reformas en una época de crisis tuvieron que buscar la sanción de Delfos. También la introducción de nuevos cultos y rituales, las fundaciones coloniales o incluso la regulación del calendario.

Desde ese centro religioso esencial en el mundo griego, considerado ombligo y centro de la tierra, se difundió una ideología de la moderación que procuraba mantener el orden en una época turbulenta: se buscaba evitar la desmesura –de ahí la postura contraria a los regímenes tiránicos– y encauzar el desasosiego y las tensiones existentes. Pues bien, esa ideología se transmite a través de una serie de principios, algunos de los cuales estaban esculpidos en el propio templo de Apolo. Ante todo se trataba de evitar que el hombre incurriera en una situación de ‘hybris’ (insolencia, orgullo excesivo) que pudiera acarrear la venganza de los dioses (‘némesis’).

Los padres fundadores de la constitución norteamericana llevaron a cabo a fines del siglo XVIII unos debates que demuestran hasta qué punto hacían uso de un amplio conocimiento del pasado grecorromano por considerarlo un referente en la construcción de la identidad de los nacientes Estados Unidos. Y sin duda la ‘anfictionía’ délfica, es decir, la liga en torno al santuario de Delfos, fue el modelo federal que disfrutó de mayor éxito.

Sirva lo anterior para contextualizar un caso mucho más próximo a nosotros sobre la influencia de Delfos. En una reciente visita a la Basílica renacentista de la Virgen de la Peña en Graus, levantada sobre un edificio románico previo, observé con sorpresa que en los capiteles interiores del bello claustro-mirador del hospital de peregrinos, datable a fines del siglo XVI, estaban pintadas, además de textos en griego de la epístola de Pablo a los Colosenses (así, "Buscad lo de arriba"), las máximas más importantes de Delfos: ‘Gnóthi seautón’, "conócete a ti mismo" (es decir, sabe que eres hombre, que tienes una condición limitada y que tienes que someterte a los dioses); ‘Medén ágan’, "nada en exceso"; ‘Sophrónei’, "sé prudente"… No extraña la yuxtaposición en los capiteles de ambos mensajes, el paulino y el délfico: en dicha carta Pablo alude al "conocimiento del misterio de Dios, Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Colos. 2, 3; trad. Cantera & Iglesias).

En la basílica de la Virgen de la Peña, en Graus, pueden leerse, pintadas en los
capiteles del claustro del hospital de peregrinos, las máximas más significativas del antiguo santuario pagano de Delfos, que tuvo una gran influencia en el mundo griego

La presencia sorprendente de Delfos en Graus puede explicarse atendiendo, por un lado, a la influencia que las imágenes de Apolo, dios de la luz, tienen –además de las de Orfeo– en las más antiguas representaciones de Cristo; y, por otro, a la importancia de aquel foco esencial de la sabiduría antigua en el humanismo renacentista: baste pensar en los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, donde se representó a la Sibila délfica, junto a otras paganas y profetas del Antiguo Testamento, tras desenrollar el texto que anunciaba el nacimiento de Cristo. La propia imagen de éste en el Juicio Final seguiría, en opinión de algunos autores, el modelo del Apolo de Belvedere, copia romana del siglo II de un original griego anterior.

El testimonio de Delfos en Graus es un ejemplo muy atractivo para ilustrar la recepción de elementos clásicos característicos de un sistema religioso politeísta en otro sistema monoteísta cristiano y en un contexto de humanismo renacentista. En todo caso, y sin entrar en las posibles vías de esa transmisión, el cercano monasterio budista de Panillo ayuda a completar un horizonte de sorprendente apertura religiosa para la villa ribagorzana.

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