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Crispados por Madrid

OPINIÓNACTUALIZADA 02/05/2021 A LAS 05:00
El 4 de mayo se celebran elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid.
El 4 de mayo se celebran elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid.
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La campaña de las elecciones a la Comunidad de Madrid se ha convertido en un encuentro desagradable y tosco.

 Crispado y maleducado, el debate político ha engordado gracias al enfrentamiento directo, confirmando el triunfo de quienes querían un choque bronco como mejor expresión de su protagonismo. Los extremos han obtenido sus pretensiones. Sin centro político y orillados los planteamientos centristas, la fractura se ha ensanchado en la medida que las posturas más radicales de Podemos y Vox tiraban de cada uno de los bloques. El populismo y las medias verdades han sabido imponerse. Los más pequeños -cuestión bien distinta será lo que ocurra la noche electoral- han logrado que se les escuche por encima de los más grandes, generando, en ocasiones, una falsa sensación de ausencia de discurso propio de los partidos mayoritarios. La fortaleza de Isabel Díaz Ayuso, construida por la debacle de Ciudadanos y por un inédito pulso de perfil identitario que ha tenido en frente a Pedro Sánchez, ha crecido en la medida que devoraba parcialmente el discurso de Vox.

Convertida en la palanca que puede reactivar a Pablo Casado, Díaz Ayuso posee un liderazgo alejado del sosiego de Alberto Núñez Feijóo o de la discreción de Juan Manuel Moreno Bonilla, pero que ha adquirido forma de alternativa política para los populares. Sus maneras y su discurso cuentan con una complicada comprensión más allá de las fronteras de Madrid, por lo que su presumible victoria puede generar una compleja digestión para Casado. Aunque su mensaje es su oportunidad y su oportunidad queda ceñida a unas elecciones donde su éxito está amarrado a una contienda con tantas particularidades como oponentes, Díaz Ayuso ha dado perfil a una tensión, más allá de la covid, que parece haber venido para quedarse. Rota la convivencia con el Ejecutivo central, el Gobierno de la Comunidad ha pasado a convertirse en un contrapeso con tanta personalidad política que la campaña ha adquirido naturaleza de contienda nacional.

Estos días de campaña han roto demasiados moldes, relegando las preocupaciones básicas de los madrileños a un oscuro rincón y registrando cambios en alguno de los candidatos que lo han hecho casi irreconocible. Es el caso del socialista Ángel Gabilondo, que comenzó la campaña desde el sosiego y la prudencia que aportaba su personalidad para terminar por desdibujarse en un endurecido relato que lo ha situado bajo la influencia de la necesidad de Pablo Iglesias. Rompiendo con las normas de la vieja política, que calificaban como un error mayúsculo la anticipación de cualquier posible pacto con los partidos en contienda, Gabilondo no ha tenido problema en mostrar sus apreturas electorales expresándose como el principal dinamizador de un futuro acuerdo con los morados. Afectado por el incremento de presencia de Más Madrid, el candidato socialista ha diluido sus opciones sumergiéndose en el bloque formado por el tripartito de izquierdas.

Esta campaña electoral, igualmente, se ha mostrado desmemoriada ante requisitos y protocolos básicos frente a las amenazas, registrando una trivialización que años atrás hubiera resultado inconcebible. Convendría que no olvidásemos aquellas campañas donde las intimidaciones no eran objeto de duda o de utilización partidista, mientras se hace patente que rebajar las exigencias del debate político solo conduce al descrédito.

miturbe@heraldo.es

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