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especial san jorge

Marca Aragón o Aragón marca

Por
  • Juan Delgado
OPINIÓNACTUALIZADA 23/04/2021 A LAS 05:00
Opinión
'Marca Aragón o Aragón marca'
Heraldo

En Aragón no sabemos vendernos". Esta es la frase que suscita consenso entre las fuerzas vivas económicas y políticas de nuestra tierra. 

Tal conclusión se deduce del estudio –prepandemia– realizado con esas fuerzas vivas. Empresas de toda la vida, santo y seña de nuestra comunidad. Otras foráneas, españolas o de cualquier otra parte del mundo. Y ello es avalado por personas de Italia, Holanda, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, Australia, Rumania, Rusia, Alemania y de una larga lista de países que, trabajando y viviendo aquí, vienen a dar la razón a esta famosa frase. Y, por si fuera poco, quienes lideran el nutrido Parlamento de nuestro Aragón manifiestan su total acuerdo con la misma.

Tras muchas entrevistas en profundidad, sesiones de ‘focus group’, ‘workshops’ y reuniones varias, por una vez estamos todos de acuerdo: "Aragón no tiene marca". Y también hay acuerdo en que la necesitamos.

Puede que alguien piense: "¿Y para qué una marca Aragón?".

Sencillo. El viejo aforismo comercial que reza "el buen paño, en el arca se vende" ya no es válido hoy. Hay que ser bueno, vale, pero hace falta algo más. Encontrar y reivindicar un territorio propio. El territorio de Aragón.

Puede pensarse que ya lo tenemos. Exactamente 47.720 kilómetros cuadrados, un 9,4% de España y un 1,1 % de la Unión Europea, nada menos. Pero hablo más bien del territorio de marca. Me refiero a que cuando en este siglo XXI se pronuncie en algún lugar del planeta la palabra Aragón, se produzca una idea clara por la que ser reconocido, valorado y ¿por qué no decirlo? ser competitivo. Y es que en este mundo globalizado hay que diferenciarse, especializarse, caracterizarse por algo concreto.

Aragón es muchas cosas. Pero no se puede ser bueno en todo. Hace falta un posicionamiento claro y definido de Aragón en el mundo económico. Y del estudio realizado se desprende que existe una triple vía.

En primer lugar, en Aragón tenemos talento. Y mucho. Y ese talento se halla relacionado con una alta cualificación de sus trabajadores, muy por encima de la media europea. Y un talento que combina la tradición industrial de empresas con siglos de historia, junto a otras innovadoras de nuevo cuño que han sabido abrirse hueco en nuestros tiempos.

En segundo lugar, no nos engañemos. En Aragón tenemos unos costes competitivos. Y también en dos sentidos. Por un lado, ubicación, suelo, comunicaciones y logística. Siendo importantes, a ello se unen los costes de calidad de vida de quienes han venido a vivir aquí. Dicen que no lo cambian por nada. Y hablamos de gente viajada, de gente cosmopolita que ha vivido en Nueva York, en México DF, en Londres, en París o en Melbourne. Algo de razón tendrán cuando manifiestan de manera inequívoca que de aquí no se mueven.

Y por último, y quizás algo muy importante que no ponderamos lo suficiente. Y ello no es otra cosa que la seguridad jurídica que proporciona un Aragón en el que las cosas que se pactan son cosas que se cumplen.

Frente a otras comunidades no tan lejanas, el pensamiento de una multinacional que ve una oportunidad en el sur de Europa se basa en gran medida en la seguridad de que, allí donde se instale, no haya, digamos sorpresas… Creo que se entiende el razonamiento.

Si a ello le unimos la idiosincrasia aragonesa, su carácter hospitalario, de acogida, de mestizaje, ya desde nuestros orígenes como Corona, el cóctel es más que apetecible. Puede ser adictivo.

Solemos meter muchos palos a los políticos, muchas veces merecidos, pero hay que decir que, en este caso, el trato de nuestra Administración autonómica a los que han querido venir y se han quedado aquí, es calificado de exquisito. Así de claro y sin tapujos.

Por supuesto que Aragón es muchas cosas más. Pero no podemos pretender serlo todo. Hay que apostar por ideas fuerza, claras y contundentes que nos permitan diferenciarnos en este mundo global. Puede que no nos guste hacerlo. Pero tenemos que hacerlo de una vez.

Llevo toda mi vida oyendo esa cantinela de que no sabemos vendernos. Gentes de Aragón, ‘sursum corda’, si queremos, el futuro es nuestro.

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