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Primeros roces

OPINIÓNACTUALIZADA 04/04/2021 A LAS 05:00
ar
Han surgido los primeros roces entre Javier Lambán y Jorge Azcón.
POL

Ambos aseguran que no tienen la menor intención de alimentar ningún conflicto y los dos insisten en que volverán a charlar la próxima semana. El presidente Javier Lambán y el alcalde Jorge Azcón han expresado su deseo de huir de toda polémica, pero la evidencia describe que los últimos días han servido para levantar un pequeño muro enladrillado por diferencias y fricciones entre la DGA y el Ayuntamiento de Zaragoza. Nada grave por el momento, nada que no pueda resolverse en una conversación privada, aunque su marcada personalidad avanza una etapa de roces que se prevé será recurrente.

Las diferencias públicas, que han tensionado más a los segundos niveles que a los cabezas de cartel, se destapan con el anuncio de la instalación de la multinacional Becton Dickinson, donde la reivindicación de los protagonismos alimentó la distancia y tradujo una primera falta de sintonía. Quién había hecho qué y hasta dónde alcanzaba el peso de las gestiones de unos y otros resultó mucho más importante de lo que inicialmente podía parecer, corroborando que ambas administraciones no estaban dispuestas a renunciar a la parte del pastel mediático que creían que les correspondía. La importancia de la inversión y la responsabilidad compartida rebajaron las diferencias, aunque la decisión del Ayuntamiento de llevar a los tribunales a la DGA, por no garantizar los fondos de la ley de capitalidad, y el anuncio del plan de ayudas a la hostelería con dinero autonómico, en cuya génesis no se ha contado con el consistorio, han vuelto a elevar la tensión.

No existía duda alguna de que los primeros meses de la amable convivencia entre el Pignatelli y la plaza del Pilar (en especial tras la salida de ZEC del Consistorio) tenían que dejar paso a una etapa de diferencias que tienen su origen en una cuestión económica no resuelta. Es decir, en la ausencia de un convenio económico financiero que compense las cargas que asume Zaragoza como capital de Aragón. Igualmente, en el perfil político de ambos mandatarios se incrusta un personal empeño por la trascendencia que supera los límites de lo local y lo autonómico. Ambos son altamente permeables a los movimientos de la política nacional y su biorritmo responde a una atracción irrefrenable hacia la tradicional tensión PSOE-PP.

A nadie se le escapa que todo hubiera sido más sencillo si Lambán y Azcón hubieran dotado de contenido ejecutivo y de lealtad mutua al consejo bilateral que reúne a las dos administraciones, aunque para limar las asperezas es necesario primero disponer de ellas. A pesar de todo, y si lo que se busca es rebajar la tensión, estos choques admiten una interpretación menor -resulta lógico que el Ayuntamiento no pierda su posición jurídica frente al Gobierno y que el Ejecutivo regional desee reivindicar su esfuerzo en el plan de ayudas-, ya que solo buscan confirmar quiénes son los dos actores principales de la política autonómica. Puede que la DGA no haya permitido a Zaragoza participar en el diseño de su plan para la hostelería y puede, también, que los populares estén agitando innecesariamente a la Federación Aragonesa de Municipios y Provincias para cuestionar el socorro económico de la DGA, pero convendría que ambas instituciones valorasen desde la prudencia con la que se conducen tanto el momento como la sensación que transmiten estos combates. Lambán y Azcón han logrado convertir a la Comunidad en un lugar donde la estabilidad ha sabido imponerse, dejando claras las prioridades al concentrar su esfuerzo en la superación de la enfermedad. No parece oportuno que ahora, cuando se está a punto alcanzar la orilla, ambos se enfrasquen en batallas de escaso rédito.

miturbe@heraldo.es

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