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Semana Santa sin tambores

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 02/04/2021 A LAS 05:00
Algunos de los pasos de la Semana Santa zaragozana se exponen en la iglesia de Santiago.
Algunos de los pasos de la Semana Santa zaragozana se exponen en la iglesia de Santiago.
Guillermo Mestre

Por segundo año consecutivo, las ciudades y los pueblos de Aragón viven la Semana Santa privados de la conjunción de fervor, arte y tradiciones que habitualmente llena sus calles. Hay que aceptar lo inevitable, la pandemia obliga todavía a mantener muchas precauciones. Pero el vacío que dejan las procesiones y el silencio de los tambores deben servir para apreciar más la importancia social, cultural y económica de unas celebraciones que todos esperamos que puedan reanudarse el próximo año.

El virus de la covid ha traído la tragedia de la muerte y ha provocado la crisis económica. Y además, ha obligado a nuestra sociedad a aceptar numerosas renuncias, algunas muy dolorosas. Entre las más amargas está la supresión, ya por segundo año, de la conmemoración en las calles de los misterios religiosos de la Semana Santa. Unas celebraciones que tienen también profundas raíces culturales y que movilizan a miles de cofrades, que las preparan con ilusión y esfuerzo, y atraen a una multitud de espectadores. Y que aportan asimismo un notable dinamismo a algunos sectores económicos, los del turismo y la hostelería, que vuelven a sufrir un duro golpe, otro más, con la suspensión de los actos más populares de estas fechas. 

La Semana Santa aragonesa tiene características singulares que brotan en cada rincón de su territorio, con procesiones, imágenes, representaciones de la Pasión y, como gran símbolo, el estruendo de los tambores y los bombos. Todo eso se echa de menos estos días. Pero deben imponerse la prudencia y la precaución, porque lo fundamental es salvar vidas. La pandemia se está alargando demasiado, pero sabemos que terminará. Y que recuperaremos unas tradiciones y unas formas de expresión social cuya ausencia en estas circunstancias no hace sino subrayar su valor. La sociedad aragonesa debe hacer un esfuerzo final para llegar a la meta y dejar atrás esta dura etapa.

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