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Ideas y futuro

Por
  • José María Gimeno Feliu
OPINIÓNACTUALIZADA 30/03/2021 A LAS 05:00
Opinión
'Ideas y futuro'
POL

Los tiempos actuales son de incertidumbre y preocupación por los efectos de la pandemia sanitaria en distintos ámbitos, tanto económicos, como sociales o de ejercicio de derechos.

Pero son también el escenario idóneo para sembrar ideas, en todos los ámbitos, que permitan la mejor y más rápida reconstrucción, con la finalidad de reforzar los pilares de nuestra economía, nuestra sociedad y nuestras instituciones. Los fondos europeos son un excelente impulso para que muchas de las ideas –con vocación transformadora y bajo el concepto paraguas de la sostenibilidad y sus distintas facetas– puedan tener financiación y ser implantadas. El importante esfuerzo institucional y económico de Europa debe ser la palanca para adoptar las decisiones que nos demanda la sociedad actual y futura. Decisiones en ámbitos tan variados como la salud, la inteligencia artificial, la digitalización, la economía circular, el crecimiento sostenible, la movilidad y, por supuesto, de las normas jurídicas y de la gestión pública, que no pueden ser un obstáculo para los cambios.

La respuesta a la intensa crisis actual exige, por supuesto, invertir recursos públicos y privados en conocimiento, en ciencia y en salud. Pero también en formación, educación y cultura, sin las que difícilmente puede consolidarse una verdadera democracia caracterizada por la libre capacidad de pensar y decidir y de poner en valor decisiones y actuaciones políticas y también de los diferentes actores sociales. Nuestras administraciones públicas deben asumir su rol de liderazgo institucional, superando estrictas y formales visiones burocráticas alejadas de los fines públicos (que son, por cierto, la verdadera brújula de la gestión). Nuestra gestión pública y su forma de articularse, más que nunca, debe ser proactiva y no meramente reactiva.

Es el momento de sembrar ideas en todos los ámbitos para conseguir una
transformación positiva de la sociedad española

Y esa inversión exige un clima político y social ‘armónico’, que sea favorecedor de nuevas iniciativas y que, más allá de ideologías, favorezca una verdadera transformación estructural, y no coyuntural, del país. La política, la verdadera política, debe ser el abono para que la ‘siembra’ permita recoger los mejores frutos. Sin embargo, en este aspecto, existen incertidumbre y riesgos que deben ser despejados, para evitar que una tormenta impida y minore el impacto de las ideas sembradas. Las ideas necesitan de una visión a largo plazo, de consensos sinceros (de seguridad, en suma), de credibilidad en la gestión pública, así como de un clima de confianza social que permita sumar y no restar esfuerzos colectivos.

Sobran por ello la crispación o el victimismo, la descalificación ideológica y la confrontación como forma de la política. A día de hoy la principal amenaza a un futuro de nuevas ideas es la situación política, alejada, en mi opinión, de sus propios fundamentos como forma de servir a los ciudadanos y a los derechos y libertades de los mismos, y no como instrumento de poder. Si además este contexto compromete la arquitectura de la división de poderes y se ‘captura’ o lamina de forma indebida a los mecanismos de control (que son imprescindibles para preservar la mejor eficacia de cualquier decisión pública y dar credibilidad jurídica al propio ejercicio del poder) los riesgos de tempestad se elevan exponencialmente. Nuestros políticos no pueden, por estrategias de partido cortoplacistas, poner en jaque los retos y desafíos de futuro. La política debe volver a sus esencias como arte, como suprema ciencia práctica, encargada de culminar las grandes aspiraciones humana (Aristóteles).

La gestión pública y la política
deben centrarse en favorecer una colaboración que permita impulsar los cambios

El objetivo de ‘España puede’ exige, sobre todo, de políticas de país, y no de partidos (ni de luchas al estilo de la novela ‘Juego de tronos’). Asimismo, se exige ineludiblemente el respeto a los principios esenciales de cualquier democracia moderna, como lo son la libertad y el rol de la justicia independiente. No podemos equivocar el camino ni los objetivos esenciales ni, principalmente, en qué consiste el oficio de la política, que es favorecer las ideas y el progreso social en un proyecto que, aun en la diversidad y en las diferencias, es y debe ser común. Pero el tiempo se acaba.

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