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la columna

Rueda de repuesto

Por
  • Fernando Sanmartín
OPINIÓNACTUALIZADA 29/03/2021 A LAS 05:00
Opinión
'Rueda de repuesto'
Pixabay

Suelo llevar las manos limpias. Pero el otro día se me salió la cadena de la bici, y para colocarla me las puse como un cristo. A veces hay que mancharse las manos para poner en su lugar algunas cosas. No queda otra. Aunque existen partidos políticos que hacen con esto una peculiar interpretación.

Todos tenemos, en nuestra biografía, una noche loca de gin tonics, unas gafas de sol, la foto que nos delata o una impertinencia. Y tenemos, por supuesto, algún instante en el que nos hemos manchado las manos. Hablar de eso me lleva a mí a cuando he pinchado la rueda del automóvil y he tenido que cambiarla. Una vez me sucedió a las dos de la mañana. Tenía un Seat 127. Y recuerdo la operación de sacar el gato, calzarlo, levantar el coche, quitar las tuercas…¡Qué ritual! También recuerdo que me limpié las manos con un trapo que llevaba en el maletero. Las palabras del automóvil me gustan: retrovisor, guantera, maletero… Pero la que me fascina, por su contenido poético, es parabrisas. Con las palabras sucede lo mismo que con las personas: algunas son del montón, y otras resultan especiales.

Se pincha menos que antes. Y muchos automóviles ya no llevan rueda de repuesto. Es una pérdida. La experiencia de cambiar una rueda no tiene nada que se le parezca. La conciencia, dicen algunos, también tiene rueda de repuesto. No sé yo.  

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