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Un aragonés con todas las de la ley

Por
  • Javier Lambán
OPINIÓNACTUALIZADA 28/02/2021 A LAS 02:00
Juan Antonio Bolea, en una imagen de archivo.
Juan Antonio Bolea en una entrevista en su domicilio.
Guillermo Mestre

Me jacto siempre de que, en octubre de 1977, estuve presente en la Plaça de Sant Jaume cuando Josep Tarradellas, desde el balcón del Palau de la Generalitat, pronunció el legendario "Ja sóc aquí". Joven estudiante recién llegado a Barcelona, participé intensamente de aquel ambiente ciudadano, que reclamaba democracia en forma de "libertad, amnistía y estatuto de Autonomía".

El 9 de abril del año siguiente, supe por la prensa que se acababa de constituir en Calatayud, en la Iglesia de San Pedro de los Francos, la Diputación General de Aragón, casi una réplica -mutatis mutandis- de la escena de Tarradellas pero protagonizada por un hombre que no venía del exilio ni era republicano, un aragonés de Ayerbe, que dejó su escaño en las Cortes constituyentes para izar -por primera vez oficialmente- la cuatribarrada aragonesa.

Se trataba de Juan Antonio Bolea Foradada, que ese mismo año publicó un libro sobre 'Los riegos en Aragón' muy importante, no solo porque era un excelente trabajo de recopilación, sino por el vuelo que fue adquiriendo como emblema de la reivindicación del regadío, justamente mi primera aproximación a este gran hombre al que, a pesar de no haberlo tratado todo lo que hubiera querido, lo llegué a considerar amigo, desde un afecto que creo que era mutuo.

Por su hijo Juan ('Juanico' lo llamaba él, alguien que pudo ser un gran político pero optó por la escritura para regocijo mío y de sus demás lectores) supimos hace unos pocos días que estaba muy enfermo. En la mañana de ayer nos comunicó el fatal desenlace. Tengo para mí -eso sí- que no habrá sido tarea fácil la de segar la vida de este aragonés resistente y tenaz y que la muerte habrá tenido que emplearse muy a fondo para lograrlo.

Tiempo habrá para glosar debidamente su trayectoria. Hombre de leyes y político, fue una figura clave de la Transición, de manera que su ejemplo resultará cada vez más valioso para encaminar nuestros afanes en esta época amenazante e incierta que nos ha tocado vivir.

Pero si hay que destacar algo de la figura de Juan Antonio Bolea, hay que hablar necesariamente de su aragonesismo. Hombre trabajador e incansable, centró todas sus fuerzas en situar a esta tierra en un lugar relevante, siempre integrada en el proyecto común de España.

Servidor cercano de lo público, hombre solícito y entusiasta, no hacía falta mucho empeño para contar con él para faenas en los que los beneficiarios fueran sus conciudadanos. Era un buen conocedor del Aragón histórico y a partir de él estuvo empeñado durante toda su vida en construir un Aragón de futuro, en el que los males que han azotado a esta tierra se vieran definitivamente desterrados, vencidos y sustituidos por un espíritu común de progreso y bienestar.

Fue -ahí es nada- el aragonés que puso en marcha el autogobierno, que tan buen resultado ha tenido para nuestra Comunidad en todos los aspectos.

Hace ahora tres años, el 9 de abril de 2018, celebramos en la Sala de la Corona del Pignatelli el cuadragésimo aniversario de la Diputación General de Aragón. Fue un acto, además de solemne, precioso. Juan Antonio renovó su juramento en los mismos términos de la toma de posesión de 1978 e hizo una intervención que recuerdo palabra por palabra, pletórica del aragonesismo y de la bonhomía que siempre lo caracterizaron, rematada con un vibrante "Viva Aragón". Después, tuve el privilegio de izar con él la bandera y, de ese modo, compartir con él el que fue seguramente su último acto institucional.

Pues bien, el próximo 23 de abril, en el Día de Aragón, en el Palacio de la Aljafería, volveremos a izar la cuatribarrada en su honor. Será el homenaje del pueblo aragonés a la memoria de uno de sus hijos más ilustres, a un grande en lo personal y en lo político, a un aragonés con todas las de la ley al que era imposible no querer.

Entretanto, un abrazo muy fuerte para toda su familia, que la tierra le sea leve y que su testimonio ilumine siempre nuestro camino.

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