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Opinión

la rotonda

Draghi, el domador político

OPINIÓNACTUALIZADA 22/02/2021 A LAS 09:47
Mario Draghi posible alternativa a Conte.
'Draghi, el domador político'
FABIO FRUSTACI

Mario Draghi, tras varias semanas de conversaciones y de encuentros políticos y técnicos, se ha convertido en el nuevo jefe de gobierno italiano e inquilino del palacio Chigi. Con paciencia y calma, ha logrado tejer una red de relaciones que le han aupado al poder, tanto gracias a grandes técnicos selectos como a los representantes de los más importantes partidos políticos. Tras varias subidas al Quirinal, sede del presidente de la república, para aceptar la oferta de Mattarella, para jurar el cargo y para presentar la lista de sus ministros, ya solo le quedaba presentar su programa de gobierno ante las dos cámaras parlamentarias y obtener la ‘fiducia’, lo que consiguió la semana pasada.

Ahora, con el prestigio que le confiere haber sido presidente del_Banco Central Europeo y la aceptación de políticos extranjeros tan poderosos como Biden, Merkel y Macron, o incluso el aplauso del Vaticano (no olvidemos que en Italia se encuentra la sede central de la Iglesia católica), gracias a su personalidad y a sus tesis programáticas va a encabezar un gobierno compuesto con la amalgama de ocho técnicos consagrados y trece políticos patrios de lo más variopinto, y nadie duda de que el papel de Italia en Europa y en el mundo va a escalar considerablemente.

Mario Draghi, un tecnócrata con prestigio,
ha conseguido la confianza de un variado abanico de partidos políticos italianos para formar gobierno

El relevo de los dos ‘Marios’, de Conte a Draghi, ha sido tranquilo en el interior y bien visto, sin que faltase el ceremonial de la entrega de la campanilla que simboliza la presidencia de los consejos de ministros y la marcha de un jefe de gobierno para dejar paso a otro. Aquí entra ya en juego el gobierno Draghi, muy reconocido por los otros líderes europeos como una de las más prestigiosas personalidades en el ámbito internacional y defensor de un ideario europeísta. A pesar de que a Washington no le gusten los límites a la exportación de sus productos en Europa (herencia de la etapa de Trump) ni los impuestos extraordinarios de Italia, Francia y España a los colosos de las nuevas tecnologías, a los que Biden no quiere molestar. Y todavía es larga la lista de incomprensiones y reservas en las relaciones con China, frente a la propuesta norteamericana de una ‘coalición de democracias’ para detener el ascenso cada vez más imparable de la superpotencia asiática. De esta prioridad europea se quejaba Biden con la frase "buy american", pero Draghi, que presidirá el G20 próximamente durante un año, seguro que saldrá airoso combatiendo en estas lides.

Tiene prestigio internacional y experiencia en relaciones globales por su larga biografía italiana y europea. Avanzará escoltado por la idea de que su presencia en las instituciones italianas no terminará con el final de su gobierno; y con el convencimiento de que la voz de un italiano aguerrido como él sea tan sólida y firme en el mundo como la de otros estados europeos hasta ahora más influyentes.

Un gabinete mixto,
pero en el que los técnicos llevarán el peso principal de las decisiones

¿Será el gobierno Draghi un doble ejecutivo? Habrá un ‘Draghi uno’, formado por sus válidos técnicos, el más influyente y en el que ha colocado a sus hombres más consistentes y de confianza; y que será el que tome decisiones. Y un ‘Draghi dos’, compuesto por los ministros que son políticos de siempre, que le apoyan momentáneamente, pero que siguen enzarzados en sus polémicas, ahora con el nombramiento de viceministros o de jerarcas ministeriales de segunda fila y con los debates endémicos característicos de la política italiana; este será el que meta ruido. Por deber patrio, los políticos han aceptado el programa de gobierno: la unión de todos por la grandeza de Italia, por el bien común y por la constitución, independientemente de las diferencias ideológicas. ¿Si no, cómo se explica que se sienten en el consejo de ministros hombres de fuerzas tan dispares como las de Berlusconi, Zingaretti, Salvini, Renzi, etc.?

Hay que reconocer que Mario Draghi es un hombre imperturbable y sólido, con máscara o sin ella, digno de admiración por haber domado y sometido a ‘animales’ tan diversos y feroces como los partidos italianos, que apoyan su gobierno mientras que él se ha atrincherado en el palacio Chigi con su calculadora y sus bolígrafos, transformando la economía en un eje de poder y de comando central

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