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Una situación inasumible

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 19/02/2021 A LAS 02:00
Pablo Echenique, portavoz de Podemos en el Congreso.
Pablo Echenique, portavoz de Podemos en el Congreso.
Chema Moya / Efe

Las violentas protestas que han seguido al encarcelamiento de Pablo Hasel han mostrado en su paroxismo, de manera vergonzante y peligrosa, las contradicciones internas del Ejecutivo que preside Pedro Sánchez. Resulta inasumible que una fuerza política que forma parte del Gobierno, como Podemos, excuse o incluso jalee disturbios callejeros y enfrentamientos con las fuerzas del orden. Y aún es más grave que el socio principal de la coalición, el PSOE, lo consienta.

Es posible que convenga, o no, revisar algunos aspectos de las normas que regulan la libertad de expresión; ese es un debate legítimo, aunque no debería centrarse en un caso particular como el del cantante Hasel, que acumula ya condenas no solo por sus palabras, sino también por sus acciones. De cualquier manera, las escenas de violencia callejera que se han producido a cuenta del encarcelamiento de Hasel en Barcelona, Madrid y otras ciudades nada tienen que ver con la libertad de expresión, son actos vandálicos y de sectarismo violento que merecen una rotunda repulsa y a los que hay que poner coto. Es por eso vergonzoso, y supone un peligro para el Estado de derecho, que dirigentes de una fuerza política que forma parte del Gobierno de la nación sean incapaces de condenar esos actos y prefieran alinearse con los violentos. La actitud de Podemos en este asunto ya sería censurable en un partido de oposición, pero resulta inaceptable que se actúe como antisistema cuando se está gobernando. Por añadidura, parece escandaloso que en Podemos se las den de defensores de la libertad de expresión cuando al mismo tiempo Pablo Iglesias pide ‘elementos de control’ sobre los medios de comunicación. Carmen Calvo dio ayer réplica al desvarío de Podemos, pero eso no alivia la grave situación que supone que Sánchez y el PSOE, un partido troncal del sistema democrático, consientan compartir el poder con una fuerza política que se posiciona en contra de los valores constitucionales. Una situación que convierte al Ejecutivo en rehén de un peligroso extremismo.

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