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La función del control externo

Por
  • José María Gimeno Feliu
OPINIÓNACTUALIZADA 16/02/2021 A LAS 01:00
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'La función del control externo'
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La gestión de lo público resulta sin duda cada vez más compleja y requiere de importantes esfuerzos. Más allá de las apariencias y de ciertas críticas recurrentes sobre la ineficiencia del sector público hay que poner en valor la calidad del trabajo de muchos empleados públicos (en niveles de número inferiores a la media de los países equivalentes de la OCDE). Posiblemente el gran reto actual es la modernización de nuestra arquitectura administrativa y de las funciones administrativas, para poder administrar mejor y avanzar en eficacia y eficiencia de las decisiones públicas, que deben servir de impulso (y no de freno) de las distintas y variadas necesidades e iniciativas sociales y económicas de la ciudadanía. Pero en este importante reto hay que insistir en la importancia de los mecanismos de control, no como resultado de una desconfianza, sino como refuerzo de la propia gestión de lo público con una clara vocación preventiva y no reactiva. Gestión y control, eficacia y garantías, no son principios antitéticos, sino claramente complementarios.

Tras diez años de funcionamiento, la Cámara de Cuentas de Aragón se ha convertido en una pieza esencial de la arquitectura institucional de nuestra Comunidad

En esa función de vigilar para gestionar mejor querría destacar el importante rol de los órganos de control externo (en Aragón, la Cámara de Cuentas), que han ayudado de forma decisiva a hacer efectivo el objetivo de unas cuentas claras. La experiencia en Aragón, cumplidos ya diez años desde su constitución efectiva, es claramente ilustrativa. La fiscalización realizada por nuestra Cámara de Cuentas ha permitido no solo detectar anomalías, sino también poner en valor la corrección de otras muchas decisiones. La explicación de sus criterios ha tenido, además, un marcado carácter didáctico que aporta, además de seguridad jurídica para el gestor, el valor de su función como colaboración ‘amiga’ alineada con la finalidad compartida por todos de alcanzar la mejor gestión desde la perspectiva de la satisfacción del interés general.

La actuación de la Cámara de Cuentas en Aragón ha servido, además, para modernizar y acercar a los ciudadanos las ideas del control externo para aclarar la gestión presupuestaria (las cuentas claras), siendo así un importante instrumento de rendición de cuentas a la sociedad. Desde esa perspectiva nos tenemos que felicitar en tanto se ha convertido en una pieza institucional que ha permitido administrar mejor.

A la vista de esa experiencia, conviene repensar su estructura y responsabilidades

Pasados estos diez años conviene, además, repensar la arquitectura institucional de la Cámara de Cuentas, para que pueda asumir, a la vista de la experiencia de otros órganos de control externos autonómicos, nuevas funciones y facultades. Así, convendría atribuir a la Cámara de Cuentas (acreditada su solvencia y capacidad) responsabilidades de colaboración con las administraciones en el establecimiento de un marco de integridad, asesorarlas sobre los instrumentos normativos y fomentar en la sociedad civil el comportamiento ético en sus relaciones con el sector público. Estas funciones son necesarias en el contexto del neo-garantismo del derecho público del siglo XXI, que pretende garantizar y ayudar a la gestión óptima de los recursos públicos.

La Cámara de Cuentas de Aragón (al igual que sus homólogas instituciones de control externo) debe ser un nuevo referente institucional que favorezca un nuevo modelo de gestión pública focalizada, más que en la fiscalización a posteriori, en la vertiente preventiva de control de riesgos en general, asumiendo también facultades más ejecutivas que le faciliten la capacidad de actuar con carácter profiláctico y no meramente reactivo. En estos momentos de encrucijada sobre cómo adaptar nuestro modelo de gestión de lo público no puede desconocerse el valor esencial de un buen control como uno de los pilares estructurales de una correcta política pública de integridad y buen gobierno. Y en esa arquitectura nuestra Cámara de Cuentas se vislumbra como pieza clave por vocación y experiencia. Los diez años de extraordinario trabajo son su principal argumento.

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