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Otro año sin fiestas ni festivales

OPINIÓNACTUALIZADA 05/02/2021 A LAS 02:00
La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, en el pleno del Parlamento de Navarra del 8 de octubre.
La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, afirmó esta semana que en 2021 tampoco podrán celebrarse las fiestas de San Fermín.
EP

Lo malo/bueno de que el coronavirus lleve más de un año limitando la existencia humana y siga tan vigoroso es que hay experiencia de cómo afecta a cada uno de los hitos que marcan el ciclo anual. Comenzamos a sabérnoslas todas; puedes mantenerte deprimido al no atisbar todavía un horizonte liberador, pero también te decepcionas menos porque las expectativas son muy bajas. El 2021 está recién comenzado y ya hemos aceptado que será también un tiempo de renuncias.

En Pamplona acaban de decir abiertamente que por segundo año consecutivo no celebrarán San Fermín, fundamento primerísimo de su identidad colectiva y con mucho peso en su economía. Aunque no haya ningún anuncio al respecto en Aragón, se puede conjeturar que tampoco aquí habrá fiestas patronales al uso, con independencia de que el estado de alarma se alargue o no más allá del 9 de mayo.

Y aunque los grandes festivales españoles sigan jugando a mantener la ilusión de que podrán materializarse, parecen más bien abocados a permanecer otra temporada en barbecho, reinventarse o morir. El más importante del mundo, el Glastonbury inglés, inspirador del modelo imperante, ha anunciado otra vez su cancelación. Hay que ir haciéndose a la idea de que el verano próximo, nuevamente, no será de encuentros musicales multitudinarios. Tampoco por aquí. Ni el veterano Pirineos Sur ni el renacimiento del Monegros Desert ni el estreno del Vive Latino.

Las fiestas y los festivales más grandes son incompatibles con el distanciamiento interpersonal que seguirá siendo la norma en meses venideros. No pueden organizarse con tanta incertidumbre; montarlos requiere de unas contrataciones y mil gestiones más para las que empieza a estarse fuera de plazo. A lo que sí se llega todavía, si hay voluntad y se ponen los medios, es a idear unas alternativas culturales ambiciosas que den algún respiro a la acogotada población. Afianzando las experiencias ya testadas en 2020 (al aire libre, con nuevos formatos de espectáculos y públicos limitados) y promoviendo otras más. Por el bien de todos y, muy particularmente, por el de unos artistas y unos técnicos que llevan tanto tiempo asomados al abismo.

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