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Burbujas

Por
  • Andrés García Inda
OPINIÓNACTUALIZADA 29/01/2021 A LAS 01:00
Opinión
'Burbujas'
POL

Soñamos con encontrar un mensaje en una botella y cuando la tenemos delante solemos darle una patada. Entre otras cosas porque es difícil reconocer el envoltorio, que salvo en las películas o en los cuentos no suele ser de vidrio ni flotar en el agua (¡y menos en nuestro caso, en tierras de secano!). Y porque además, tales mensajes, bajo la apariencia de pedir auxilio, normalmente es a nosotros a quien vienen a socorrer. Hace unas semanas me pasó a mí. Me llegó por correo un libro que había comprado de segunda mano (o de tercera o cuarta, quién sabe). Estaba en perfecto estado, sin marca alguna, salvo en la página 109, que venía con la esquina doblada señalando esta frase acusatoria: "La capacidad sin fin de cada uno para justificar la burbuja en la que se encierra". ¿Quién ha sido?, me dije inmediatamente mirando alrededor con el ceño fruncido; ¿me estarán observando?

¿Qué nos aproxima más a una vida ejemplar, tener hijos o no tenerlos?

El mensaje ha coincidido además con la lectura en las redes sociales del debate, por entregas, sobre la importancia y el valor –o no– de tener hijos, frente a quienes defienden un estilo de vida más autónomo y solitario sin ese tipo de compromisos. Y como en todos los debates, las burbujas, cuando chocan, o estallan o rebotan. Dejando a un lado la cuestión demográfica –que no es menor, pero que no vamos a abordar aquí– tienen razón quienes argumentan que los hijos no nos hacen necesariamente mejores, por mucho que quienes los tengamos pensemos a menudo –también seguramente como una forma de autojustificación– que es "lo mejor que hemos hecho"; pero tampoco la elección de una vida autónoma y libre de compromisos te hace necesariamente más libre y feliz, a pesar de las recomendaciones de las revistas para ‘millennials’. En esto, como en todo, se suelen juntar el hambre y las ganas de comer, o la desgana y la falta de apetito; y no solo por la radical incapacidad de algunos de nosotros para reconocer y aprovechar los regalos o las oportunidades que se nos presentan en la vida, sino porque a menudo esas ocasiones nos sirven para reafirmarnos en el error, más que para corregirlo.

Puede ser un debate sugerente si se aborda sin demasiados prejuicios

Pero, como en todo debate, la discusión sobre los ejemplos es una forma de argumentar sobre las categorías y lo importante en este caso, más que con el hecho de tener hijos o no tenerlos, tiene que ver con el sentido que en nuestro tiempo pueden encarnar virtudes como el cuidado, la generosidad o el sacrificio, o la mirada hacia el futuro más allá del presente inmediato; y acerca de qué tipo de responsabilidad tenemos sobre lo que les ocurre a los demás en ese futuro; y qué experiencias sociales encarnan y alimentan mejor ese tipo de disposiciones (tanto con hijos como sin ellos); y cuándo, porque como ya decía el sabio Quohelet, "hay un tiempo para cada cosa". La cuestión, dicho con otras palabras, es si es posible debatir –o no– sobre qué tipo de vida merece ser vivida; si debemos reconocer que hay formas de vida ejemplares (o aspectos ejemplares de la vida) y otras que no lo son; si, a pesar de las imperfecciones y las dificultades hay formas de ser padre, o madre, o de no lo serlo, que son mejores que otras; si es posible elegir sin renunciar y si unas renuncias son más deseables que otras; o si es mejor invitar a la gente a salir de su propia burbuja o debemos reafirmarnos en nuestra intención de encerrarnos en ella, tan endurecida y velada para evitar fisuras que nos impide ver o abrirnos a otra realidad que no sea la de nuestro entorno inmediato. Más aún, llevado al límite, pero no mucho, el debate tiene que ver con la existencia o no de motivos por los que debemos cuidarnos unos a otros o sacrificarnos unos por otros, con hijos o sin ellos; de la manera en la que debemos hacerlo y, por lo mismo, de las razones, si las hay, por las que los seres humanos deben seguir sobre la tierra.

Pero, lamentablemente, tendemos a pensar dentro de una burbuja en la que solo se oye nuestro propio eco

Hay quienes responden negativamente a estas cuestiones, y tal vez es legítimo pensarlo así, en el actual estado de cosas. Pero entonces no cabe escandalizarse si alguien no recicla adecuadamente el plástico o se dedica a montar ‘raves’ multitudinarias en pleno pico de la pandemia. ¿O no?

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