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Año de bienes

Según el dicho popular, y a tenor de lo visto estos días con nevadas tan copiosas, 2021 será un ejercicio positivo. Aún está por verse.
 

2021 es un año que aún está por definir.
2021 es un año que aún está por definir.
ISM

La borrasca Filomena nos ha sacado estos días de lo tedioso que resulta hablar un día sí y al otro también de una pandemia que nos ha convertido en personas más tristes, desilusionadas y apáticas. La nieve, que ciertamente genera problemas, especialmente de movilidad, llevó muchos ratos de alegría a adultos y niños en una jornada que afortunadamente cayó en sábado. Acaso imbuidos por ese espíritu optimista, que parecía tener el embrujo de borrar de un plumazo todo el mal que nos está causando la covid-19, son muchos los que han repetido estos días el casi célebre ‘año de nieves, año de bienes’, un desiderátum en toda regla que a muchos puede llevar a pensar que 2021 será un buen año.

El refranero español, tan rico y variado que parece tener siempre algo que aportar a cada circunstancia de la vida, nos dice con esta cita expresada últimamente hasta el hartazgo que las nevadas nos auguran un futuro muy positivo. Precisa el Instituto Cervantes que «el año con mucha nieve es favorable para las buenas cosechas, porque, gracias a la nieve, la tierra labrada se mantiene húmeda y esponjosa para que los cereales crezcan debidamente».

Vale, de acuerdo, ¿pero será 2021 realmente un año bueno? ¿Hay motivos para ser optimistas? Aunque apenas han caído hojas del calendario, todo indica que habiendo vivido un ejercicio tan funesto como 2020, la situación solo puede mejorar. Cerramos el mes de diciembre con el inicio de un proceso de vacunación contra la covid-19 que fue definido por las autoridades sanitarias como «el principio del fin». Triunfalistas o no, estas declaraciones coinciden con el sentir del mundo económico, para el que tan importantes son las expectativas como los datos macro que se publican cada día.

El primer semestre del año seguirá siendo duro porque la pandemia, como estamos viendo estos días, está muy lejos de ser controlada. La ola de contagios y las restricciones impuestas para frenarla vaticinan unos meses aún aciagos, especialmente en aquellos sectores más afectados por la exigencia de mantener la distancia social. Ayer publicamos en estas páginas, sin ir más lejos, cómo el paro se ha desbocado un 90% en el Pirineo, especialmente en las comarcas que viven en mayor o menor medida de la nieve, todo un contrasentido aparente en una temporada en la que tanto está nevando. La Jacetania, el Alto Gállego, el Sobrarbe y la Ribagorza han visto cómo las contrataciones temporales del sector servicios se desplomaron hasta un 85% en diciembre.

Pero los damnificados por la covid-19 son muchos más. La hostelería, el comercio y no digamos el ocio nocturno llevan ya meses viviendo situaciones aciagas, con un elevado número de empresas obligadas a cerrar por falta de liquidez. La industria y la agricultura obtienen mejores registros, pero también se ven afectadas por la pérdida de poder adquisitivo de sus clientes.

En este escenario, los agentes sociales parecen dispuestos a prorrogar hasta mayo próximo la aplicación de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), lo que dará oxígeno a un buen número de empresas para que puedan aguantar mejor una travesía en el desierto que se alarga mucho más de lo deseado.

Sin controlar la pandemia del coronavirus, aunque es deseable que lo estemos en unos meses si se acelera el proceso de vacunación, hablar de recuperación económica sigue siendo más un deseo que la constatación de una realidad tangible. Es una obviedad, sí, pero vale la pena recordarlo para actuar en consecuencia en todos los ámbitos, con una mayor exigencia a los dirigentes políticos. Los fondos europeos, esperados como el gran maná que puede ayudarnos a superar esta situación, no llegarán para todos, así que quizás es mejor ser realistas sobre sus efectos. Solo nos queda trabajar, trabajar mucho, para seguir a flote.

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