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Ciegos guiados por un loco

OPINIÓNACTUALIZADA 09/01/2021 A LAS 01:00
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'Ciegos guiados por un loco'
Vitico

El historiador Suetonio describe en ‘Vidas de los doce césares’ a los emperadores romanos más déspotas como auténticos niños caprichosos. Corría el primer siglo de nuestra era cuando Calígula y Nerón perpetraron sus desmanes. Lo sorprendente es que casi dos mil años después, el país más poderoso del planeta también esté dirigido hoy por un autócrata del que se puede esperar cualquier cosa, tanto risible como espeluznante. Y también es asombroso que hace cuatro años fuera elegido por la mitad de los votantes y que aún ahora mantenga casi el mismo apoyo. Resulta llamativo porque siempre se mostró como un candidato narcisista y mentiroso, racista y machista. Su desfachatez no tenía límites aún antes de conquistar el poder: "Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes", habría dicho en un acto de campaña en 2016.

Estaba claro que el magnate llevaba dinamita en la sangre. Su ego nunca había conocido límites. Altanero y vociferante, era raro no verle caer en la desmesura, como cuando afirmó que su superventas ‘El arte del trato’ era el libro más importante jamás escrito después de la Biblia. A pesar de todo, venció a Hillary Clinton, aunque fuese por el sistema de los votos electorales. No tenía programa ni una trayectoria política que le avalara, pero logró canalizar los resentimientos de muchos estadounidenses.

El llamamiento de Trump a asaltar el Capitolio revive las palabras de Shakespeare
en ‘El rey Lear’

Desde que se instaló en la Casa Blanca dio pruebas fehacientes de su catadura moral y mental. De hecho, su discurso de toma de posesión fue un ataque sin precedentes a la democracia y los valores estadounidenses. Definió a las élites de Washington y a los representantes elegidos por los estadounidenses como la "clase dirigente" que se beneficia a costa "del pueblo". A partir de ahí y aupado sobre un lenguaje populista, ha desarrollado un mandato centrado en satisfacer sus propias necesidades psicológicas y los intereses de sus amigos y de su familia.

Bob Woodward, el mítico periodista de ‘The Washington Post’ que provocó la renuncia de Nixon en 1974 al sacar a la luz el escándalo Watergate, ha escrito dos libros sobre Trump: ‘Miedo’ (2018) y ‘Rabia’ (2020). En el primero, repleto de testimonios, ya presentaba una Administración aterrada por el comportamiento de su jefe y describía la degeneración de la Casa Blanca, convertida en un "manicomio". Algunos de los asesores del presidente le habrían llegado a ocultar textos por temor a que los firmase y desatase una catástrofe. En el segundo libro, es el propio Trump el que le confiesa sin pudor que durante meses ha ocultado deliberadamente la gravedad de la pandemia de la covid.

"¿Pero no veis que está loco? Es la epidemia de la época: una civilización de ciegos guiada por unos locos"

El pasado miércoles, azuzó a los más violentos de sus seguidores a asaltar el Capitolio para impedir el democrático relevo presidencial. De una forma indigna, la insurrección más surrealista desde la de la película ‘Bananas’ de Woody Allen puso fin a un mandato plagado de abusos, insultos y mentiras. Pero, en realidad, no fue una sorpresa. Muchas voces autorizadas habían previsto que pasaría. Por ejemplo, Sidney Blumenthal, asesor de Bill Clinton en la Casa Blanca, dijo en octubre: "Trump no puede ganar estas elecciones. Pero hará todo lo posible para poner en duda la legitimidad del resultado. Entraremos en territorio desconocido en la historia de este país. Podríamos enfrentarnos a la crisis más grave desde la guerra civil. Está dispuesto a arriesgar cualquier cosa con tal de evitar la humillación de la derrota y el temor a que, una vez perdida la inmunidad presidencial, él mismo sea procesado por delitos que podrían llevarle a la cárcel. Trump estará dispuesto a hacer todo lo que puede para sabotear el sistema democrático con tal de salvarse a sí mismo".

Ante la pregunta de Shakespeare en ‘El rey Lear’ ("¿Pero no veis que está loco?"), cabe concluir que los ciudadanos y la prensa estadounidense sí detectaron su enajenación. Incluso lo denunciaron públicamente numerosos psiquiatras. Pero a Trump le bastó con mantener a la sociedad lo suficientemente dividida como para cegar a los suyos, para mantenerlos siempre en pie de guerra, en un grado de exaltación y rencor hacia los de enfrente suficiente como para aceptar su penoso liderazgo.

La Historia demuestra que muchos dictadores y autócratas estaban locos, pero también enseña que la mayoría no eran tontos.

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