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Por
  • Elena Capapé
OPINIÓNACTUALIZADA 24/12/2020 A LAS 01:00
Contaminación lumínica.
Contaminación lumínica.
Susana Malón (Lumínica Ambiental)

España es uno de los países de Europa que presenta un mayor índice de contaminación lumínica. Se evidencia en las ciudades, donde los focos de los coches, las luces de neón, el alumbrado urbano y las bombillas LED rodean y ciegan a sus habitantes. Resplandecemos desde el espacio, sí, pero a cambio, oscurecemos nuestro cielo. Alzar la vista y localizar la Vía Láctea es misión imposible. Por ello, dar con un sitio resguardado, con un refugio a salvo de brillos innecesarios desde el que alzar la mirada y ver las estrellas, es un verdadero lujo para aquellos a los que nos hipnotizan los cuerpos celestes. Es un acto simple, casi banal. Es un pequeño detalle.

Mostramos un exceso de interés en la grandiosidad. En las cantidades desbordantes, en poseer más, estar con más gente, en las dimensiones, en lo exuberante y en lo extraordinario. Nos obnubilamos ante todo ello, lo ansiamos y nos frustramos en su búsqueda. Y, en el camino, dejamos atrás el placer de los detalles. La suma de las pequeñas cosas, a veces indetectables, de las que realmente depende nuestro bienestar diario: el brillo de las estrellas, el olor de las estaciones del año o el calor de quien te da la mano. Estas Navidades manifestarán más que nunca las ausencias y el sinsabor, pero también serán las Navidades de los detalles: de la inocencia de los niños ante la noche de Reyes y del cariño de la gente que nos rodea, con o sin distancia. Será el momento de valorar lo que conservamos ahora que sabemos lo que es perderlo.

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