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Opinión

la columna

Sir George

OPINIÓNACTUALIZADA 10/12/2020 A LAS 01:00
El monte Everest.
'Sir George'
Afp

A sir George Everest (1790-1866), el geógrafo que se encargó de topografiar la India durante trece años, desde 1830 hasta 1843, le habría gustado, sin duda, el gran trabajo que acaba de culminar un equipo de cartógrafos chinos y nepalíes para determinar la altura exacta de la montaña que lleva su nombre.

El Everest, en realidad, no tendría que llamarse así. Los exploradores y conquistadores de las cumbres del Himalaya tenían la buena costumbre de bautizarlas con el nombre local. Pero Andrew Scott Waugh, discípulo de sir George, decidió no seguir la norma y homenajear a su maestro. A Everest no le gustó esta decisión, y pretendió enmendarla, afortunadamente sin éxito. El techo del mundo, en cualquier caso, tiene sus nombres locales. En Nepal es Sagarmathā–La frente del cielo– y en el Tíbet y China lo conocen como Chomolungma o Qomolangma –Madre del Universo–.

Con el mundo enfrascado en la guerra contra la pandemia, en hambrunas, guerras, crisis, imaginar a los cartógrafos desafiando a la muerte en los abismos helados del Everest es como una historia de Borges. China y Nepal, Goliat y David, llevaban años discutiendo por quítame allá unos centímetros del gigante. Es un final feliz que se hayan puesto de acuerdo y que lo hayan comunicado al mundo, juntos, en un año tan difícil como el Everest.

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