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Opinión

la rotonda

Construir futuro y Universidad

Por
  • José María Gimeno Feliu
OPINIÓNACTUALIZADA 25/11/2020 A LAS 01:00
Un grupo de estudiantes sale de la Facultad de Ciencias, ayer.
'Construir futuro y Universidad'
Guillermo Mestre

La pandemia y sus consecuencias económicas y sociales están obligando a acelerar y repensar las reformas estructurales que necesita nuestro país. Se habla ya de forma decidida de la transformación como ‘nueva política’, de la digitalización, de sostenibilidad social y ambiental, de una cultura de colaboración utilizando, como principal palanca, los fondos europeos. Y en este contexto se propone una simplificación administrativa y una nueva organización de la gestión pública. Nos encontramos, por ello, en un momento crucial, pues se aborda el gran reto de trazar un nuevo camino hacia el futuro en nuestro país.

En ese reto es pieza indispensable la Universidad, entendida no solo como un lugar de impartición de títulos y de preparación para la vida profesional. La Universidad es y debe ser mucho más. La Universidad es enseñanza del conocimiento, por supuesto, pero también de investigación e innovación que implica creación de saber. Por ello es ineludible ajustar las reglas académicas a las exigencias de un conocimiento en movimiento, de forma que la flexibilidad en la toma de decisiones debe ser la regla general (frente a la burocracia innecesaria), así como adaptar tanto las funciones del profesorado, donde la investigación debe formar parte de la cadena de valor en la transmisión de conocimientos, como las de los profesionales de la gestión, a los que deben otorgarse nuevos roles más alineados con la nueva gobernanza.

La Universidad, además –y como seña de identidad–, debe ser escuela de libertad: libertad de enseñanza y pensamiento, por supuesto, pero también de tolerancia y de respeto a la diversidad en todas sus manifestaciones. Por ello necesitamos una universidad horizontal que interactúe con naturalidad entre todos sus colectivos, que supere los riesgos del individualismo, que forme tanto en conocimientos como en experiencias y valores que hagan de la reflexión y la curiosidad la principal característica de nuestras enseñanzas; y que se posicione ante la sociedad como la institución garante, desde los valores propios de la educación superior, de las propias esencias de la democracia.

No hay futuro sin un modelo universitario sólido, concebido como excelencia al servicio de la ciudadanía, lo que exige por supuesto una adecuada financiación en los modelos públicos con la lógica rendición de cuentas explicando, más allá de los fríos números de rankings, los resultados obtenidos. No habrá transformación social sin un rol fundamental en su impulso por la Universidad, pues en ella radica gran parte del conocimiento y del saber necesario ante los grandes retos y la capacidad tractora de alinear los distintos esfuerzos públicos y privados. La Universidad aspira, desde el conocimiento, el dinamismo y el talento, a liderar la transformación de la sociedad. Por ello, en la encrucijada actual, es necesario que la Universidad española tenga un papel principal y no meramente ‘ritual’. Pasar de las ideas a la acción obliga no solo a una reforma normativa, sino a diseñar un nuevo modelo de gestión pública con un mejor marco de colaboración, donde el saber universitario (que es algo inherente a la función de transformación de los poderes públicos) debe ser el principal cimiento para la nueva arquitectura social.

Son tiempos para la política de las ideas, y para ello es evidente que el saber, la capacidad crítica y proactiva de la Universidad son herramientas imprescindibles en el proceso de cambio. Por ello, el nuevo horizonte de nuestro país exige más y mejor Universidad. Una Universidad abierta que mire de frente al futuro, que haga de la generación y transversalidad de conocimientos y la transmisión de valores una de sus principales señas de identidad. Para ello, la Universidad española del siglo XXI debe superar la autocomplacencia para ser dinámica, comprometida social y ambientalmente, atrevida en su rol institucional y en sus legítimas reivindicaciones y, sobre todo, un pilar de la transferencia de conocimiento y del crecimiento económico vinculado a más y mejor talento. Hoy, más que nunca, hacer política exige hacer más Universidad. No podemos equivocar la dirección.

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