Despliega el menú
Opinión

el meridiano

Patrimonio Casetas

OPINIÓNACTUALIZADA 16/11/2020 A LAS 01:00
LA VIDA EN BARRIO: CASETAS. CORONAVIRUS / 08-04-2020 / FOTO: LAURA URANGA [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Casetas
Laura Uranga

Ser de barrio (de Casetas) supone galones de mayor entereza para encarar problemas o calibrar lo que realmente es importante, urgente, grave. A las zonas obreras, trabajadoras, de renta modesta, esa es la baza que nos queda para andar por la vida. Y además es algo que luego llevas contigo cuando la rutina te va poniendo en un lugar más o menos privilegiado, que no es otro que tener trabajo, dignidad y las manos lo más limpias posible: jabón de honradez y esfuerzo. Del barrio se sale, o en él se está, para brillar sin enchufe. La cuestión es no confundir brillar con ser un destello que en realidad no se mueve y construye un éxito de cartón con los vicios adquiridos de la dejadez; la espiral absorbente de los mundos minúsculos que nos distraen para ponernos en una posición que en realidad no es nada.

Lo pensaba el otro día mientras leía en HERALDO la noticia de un grupo de chavales del barrio a los que la Policía había interceptado de noche y en plena fiesta clandestina; la mayoría menores, algunos incluso se escaparon para volver al lugar de reunión. Solo ese fin de semana, Aragón notificó 84 muertos por covid-19. Además, Casetas es la segunda zona básica de salud de toda la Comunidad donde más muertos se han registrado hasta la fecha: 68 en el momento en que escribo esta columna.

Así que el incidente resulta desalentador por dos motivos: uno, porque con actitudes así (de los chavales pero, dado que muchos no eran mayores de edad, sobre todo de sus responsables), se colabora en que esa cifra de 68 muertos siga creciendo entre nuestros vecinos. Dos, porque esa actitud contestataria, pseudoantisistema, cutre, que abandona el destino del barrio a la suerte individualista de los caprichos, puede ser un síntoma más en estos días de pandemia: la erosión de las fibras vecinales en un núcleo humilde donde perdida esa batalla, se pierden ya casi todas. Y en eso la responsabilidad es de una sociedad más joven que recibió Casetas con unas redes de vecinos tejidas por las personas mayores a las que ponemos en peligro con actitudes como esa fiesta. Si algo he aprendido de esas generaciones es que pocos han hecho de sus deseos el ombligo del mundo; y ya que cosas así solo se aprenden en lugares como Casetas, ¿qué más motivos necesitamos para cuidarlas?

Etiquetas