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Opinión

en nombre propio

¿Lerdos?

Por
  • J. L. Rodríguez García
OPINIÓNACTUALIZADA 16/11/2020 A LAS 01:00
Nashville (United States), 22/10/2020.- US President Donald Trump (L) is greeted by first lady Melania Trump (2-L) following the final presidential debate at Belmont University in Nashville, Tennessee, USA, 22 October 2020. This was the last debate between the US President Donald Trump and Democratic presidential nominee Joe Biden before the upcoming presidential election on 03 November. (Elecciones, Estados Unidos) EFE/EPA/JIM BOURG / POOL The final 2020 United States presidential debate
'¿Lerdos?'
JIM BOURG / POOL

Escribo estas líneas cuando el recuento de las elecciones de EE. UU. va camino de su estrambótico desenlace. Y resuenan en mi cabeza comentarios de inevitables contertulios asegurando que 70 millones de ciudadanos no pueden ser lerdos. Claro que no… El problema no es el de la estulticia, sino el de la estrategia de un aparato que ha estado operando sobre unos y otros hasta conseguir la depreciación de los valores humanos. No es cosa nueva. Ya en la década de los 20-30 autores como Kraus o Mann comenzaron a deshilachar su estupor ante la manipulación urdida para oscurecer la democracia. Décadas más tarde, Zewig certificaría sombríamente sus sospechas en su suicida exilio brasileño.

Y en el horizonte, millones de alemanes, una de las naciones más cultivadas de Europa, aclamando al furioso Hitler que soñaba con pisotear la cabeza de quien se pusiera por delante. Y millones de austríacos aclamando a su payaso compatriota en la vienesa Heldenplatz, congregación que enfureció al siempre sombrío Bernhard. Era lo inevitable porque, como advertiría Reich, se estaba extendiendo lo que denominó con acierto "pandemia fascista" para explicar hasta qué extremo todo valor social puede ser pisoteado por una figura circense que provoca admiración. Es el citado Reich quien escribió un tembloroso texto que insiste en estas cuestiones sobre las que reflexiono: se titula ‘Escucha, hombrecito’. Casi al final, respuesta del padre a su hijo pequeño: ‘Sí, hijito, el sol volverá pronto y nos entibiará bondadoso’.

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