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Opinión

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Con piedra blanca

OPINIÓNACTUALIZADA 05/11/2020 A LAS 02:00
COLOQUIO DIGITAL DE IRENE VALLEJO PARA IBERCAJA, EN SU CASA / 26-05-2020 / FOTO: LAURA URANGA [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Irene Vallejo.
Laura Uranga

Es para marcar con piedra blanca, según la tradición romana que señalaba fechas felices en el calendario, ese día de 2008 en el que Irene Vallejo se presentó en el vestíbulo de HERALDO con una propuesta imposible de rechazar. Traer los clásicos al mundo de hoy. Enamorada de ellos desde que era una niña, halló, en palabras de Antón Castro, una fórmula que ha cautivado a un sinfín de lectores cada lunes: «Un artículo que parte de un problema social, de una vivencia personal o de un enunciado actual, que le permite viajar en el tiempo y hallar un aforismo, un mito, un microcuento que analiza, en clave simbólica, el ahora».

‘El precio de la suerte’, publicada en enero de 2009, fue la primera de esas columnas. Pero mucho antes había salido ya en este periódico. Fue en 1995, cuando Irene, una joven escritora de 16 años, ganó el premio ‘Relatos de mujer’ del Ayuntamiento de Bilbao, el primero de los que estaban por venir. El jurado, que tenía buen ojo, destacó la calidad de la escritura.

Desde entonces, Irene Vallejo no ha cesado de aparecer en las páginas de HERALDO. Con su firma o con la de quienes han ido contando sus éxitos. ‘El infinito en un junco’, donde ha volcado su pasión por los libros y su maestría de una Scherezade encantadora de lectores, es el último y más rotundo de ellos. Una legión de lectores lo ha convertido en un fenómeno mundial que le ha valido galardones de gran prestigio. El último, ayer, el Premio Nacional de Ensayo, es otro hito en una carrera hecha de tesón, generosidad y una deslumbrante inteligencia.

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