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Opinión

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Alumalsa

Por
  • Luisa Miñana
OPINIÓNACTUALIZADA 05/11/2020 A LAS 02:00
MANIFESTACION DE LOS TRABAJADORES DE ALUMALSA CONTRA LOS DESPIDOS ( ZARAGOZA ) / 24/10/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Protesta de los trabajadores de Alumalsa.
Oliver Duch

Una buena parte de mi infancia y juventud pasó junto a la antigua factoría de Alumalsa, a orillas del Canal Imperial, en el obrerísimo que fue barrio de Colón, fronterizo entre los de San José y Torrero. Durante más de diez años mi madre empleó la primera hora de sus mañanas, fuera invierno o verano, en limpiar el polvo negro que durante la noche escupía la gran chimenea de la Alumalsa, elevada poderosamente justo en frente de nuestra humilde, pero alegre a pesar de todo, terraza del cuarto piso de una casa edificada sin licencia administrativa, pero con consentimiento político, a mediados de los años sesenta. Es verdad que la chimenea había llegado antes que nosotros, pues igual que hoy en día la especulación inmobiliaria fuerza la expansión de las ciudades, a menudo sin seso y con avaricia, antaño lo hizo, como sabemos, la industria, que le abrió el camino. Así que tuvimos que convivir durante años con el ruido y la furia de la fundición en la estrecha calle Santa Gema, y después con el abandono y la ruina de su arquitectura.

No recuerdo haber visto nunca los rostros de los obreros, mis iguales al fin y al cabo, que hacían tres turnos diarios. Los veo ahora, bajo el paso del tiempo, en las imágenes de las manifestaciones contra el despido masivo ya sentenciado por la empresa, y reconozco desde lejos la sombra agrandada de esa indiferencia impía por nuestras vidas en la que se sustenta la supervivencia de este sistema productivo, que ha perdido absolutamente la cabeza.

Luisa Miñana es narradora y poeta

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