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Berlanga

OPINIÓNACTUALIZADA 01/11/2020 A LAS 02:00
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Luis García Berlanga durante una visita a Zaragoza.
Guillermo Mestre

Este mes se cumplen diez años de la muerte de Berlanga, el hombre que dirigió algunas de las películas más deslumbrantes de nuestras vidas. Cómo olvidar la primera vez que vimos ‘¡Bienvenido Mister Marshall!’, ‘Calabuch’, ‘Plácido’, ‘El verdugo’ o ‘La vaquilla’. Esa mezcla de acidez, ternura, lucidez, gracia, emoción y talento nos conmovía y nos divertía a un tiempo, conseguía que lográramos reírnos de nuestras propias miserias y hacía que pasaran por comedias lo que no era sino pura subversión y dinamita. Su cine estuvo siempre lleno de fracasados y perdedores, a los que él vestía con un ropaje inconfundible de humanidad y bonhomía, y nunca se interesó por los héroes o los poderosos. A la vez, como casi todos, no fue ajeno a las contradicciones, como la de coquetear con la Falange e irse voluntario a la División Azul mientras su padre, que había sido diputado por el Frente Popular, estaba condenado a muerte, o la de hacer películas blancas, exentas de erotismo (tal vez con la única excepción de ‘Tamaño natural’) mientras él era un ferviente erotómano. Luis Alegre acaba de escribir un libro extraordinario sobre él, ‘¡Hasta siempre, Mister Berlanga!’, que va a ser a partir de ahora el libro canónico para todos cuantos quieran acercarse al universo berlanguiano. Lleno de jugosa información y de anécdotas memorables, destaca una de ellas: cuando Pilar Miró lo cesa como presidente de la Filmoteca Nacional, el ministro Solana lo abraza en un estreno y le comenta despistado: «Hoy he firmado algo tuyo. ¿Qué ha sido, Pilar?». Y ésta responde: «¡El cese!».

José Luis Melero es miembro de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis

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