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Debates estériles

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  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 19/10/2020 A LAS 02:00
Detalle de la fachada del Congreso de los Diputados.
Detalle de la fachada del Congreso de los Diputados.
Enrique Cidoncha / HERALDO

Los españoles tendrán que asumir esta semana la obligación de adaptarse a nuevas reglas, más estrictas pero necesarias, para controlar la pandemia. Y habrán de hacerlo con el añadido desánimo que provoca contemplar el espectáculo que ofrecen sus representantes políticos, enfrascados en inútiles peleas partidistas y en desafíos a las instituciones que suponen un desperdicio de las energías que deberían aplicar a dirigir el país hacia puerto seguro.

La evolución de la covid en nuestro país sigue siendo muy preocupante. Hay que frenarla. Pero España ya no es, como ocurría hace menos de un mes, el epicentro europeo de la enfermedad. La segunda oleada de la pandemia se deja sentir ya en todo el continente; y otros países, como Bélgica, los Países Bajos, Francia o el Reino Unido, presentan ahora incidencias del coronavirus muy superiores a la española. Sin embargo nuestro país sufre un lastre añadido a causa de la actitud de sus representantes políticos que, en lugar de centrarse en la lucha contra los efectos de la pandemia con espíritu de cooperación, continúan librando sus batallas partidistas como si fueran ajenos al bienestar de la nación. 

Esta semana, mientras se pide a los ciudadanos que acaten normas más estrictas contra los contagios, que alterarán aún más su vida cotidiana y socavarán de nuevo la economía de muchas familias, veremos en el Congreso el debate, seguramente bronco, de una estéril moción de censura, mientras los dos principales partidos del país siguen siendo incapaces de negociar la renovación de una institución tan básica como el Consejo General del Poder Judicial y el Gobierno central y el de Madrid continúan enfrentándose en lugar de buscar juntos soluciones para la situación de esa Comunidad. Seguro que muchos dirigentes llamarán estos días a los españoles a la ‘responsabilidad’, pero son los líderes políticos los primeros que deben practicar esa virtud. Y de momento no lo están haciendo en absoluto.

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