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Opinión

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Vejez ciceroniana

OPINIÓNACTUALIZADA 17/10/2020 A LAS 01:00
FILE PHOTO: Musician John Prine performs after accepting his PEN New England Song Lyrics of Literary Excellence Award during a ceremony at the John F. Kennedy Library in Boston
John Prine
BRIAN SNYDER

Con ternura y una comicidad nunca hiriente, algo que lo diferencia de Randy Newman, el otro gran cantautor coetáneo que contempló Norteamérica a ras de suelo, John Prine expresó la épica doméstica y cotidiana de gente que solo figuraba en las estadísticas. Un ejemplo de ello es la balada ‘Hello in There’, en la que un jubilado habla del matrimonio que forman él y su mujer, Loretta, cuya progenie hace años que lleva su vida, a excepción de Davy, el hijo que murió en la Guerra de Corea, luchando por una causa incomprensible, "que ya no importa".

‘Hello in There’ sigue conmoviendo, pero se le nota que ha cumplido medio siglo. Ha cambiado el estilo de vida de la vejez y, sobre todo, es otra la consideración social que de ella se tiene, por más que queden resistencias paternalistas. Los protagonistas de la canción nos resultan anacrónicos. Viven desconectados de lo que pasa en el mundo, sin nada de qué hablar, porque supuestamente sus vidas están vacías, y convertidos en personas frágiles, solitarias e invisibles, que se conformarían con recibir un saludo.

El mismo John Prine desmentiría con su trayectoria esta visión de la senectud. Bien superados los setenta años, estuvo activo hasta que el pasado abril murió de covid-19, tras volver de una gira europea de conciertos y de unos días de asueto en París, que hacía tiempo anhelaba. Como Prine, hoy son multitud las personas que hacen realidad la obra de Cicerón ‘Sobre la vejez’. Personas que aman, se apasionan y paladean el ocaso de la vida, haciendo frente a la adversidad con una entereza que para mí quisiera en mi maduro presente.

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