Despliega el menú
Opinión

la firma

Hacer de la necedad virtud

Por
  • Jesús Morales Arrizabalaga
OPINIÓNACTUALIZADA 16/10/2020 A LAS 01:00
Opinión
'Hacer de la necedad virtud'
POL

El realismo español, con imágenes o textos, me ha permitido conocer una España que he tenido la suerte de no vivir. Intento capturarla en algunas palabras; una de las que más me viene es ‘respeto’. La atrapo para guardarla pero antes de cerrar esta caja de Pandora inversa se cuelan una pariente y una vecina: ‘servilismo’, ‘miedo’. El respeto en demasía se convierte en humillación autoinfligida. Me interesa ahora observar estas palabras en el contexto de la relación que en esas generaciones se establecía entre una España de muy escasas letras y los muy pocos que habían tenido la posibilidad de completar estudios superiores. "Es una pena que no pueda darles estudios" debieron escuchar muchos de nuestros abuelos de los maestros. Somos hijos de una generación que encontró vías de felicidad en entornos que a nuestros hijos –a nosotros mismos– parecerían insoportables. Fueron felices cuando sus hijos e hijas accedimos a ese grupo de ‘los que saben’ que siempre había sido objeto preferente de ese respeto arraigado. Ellos podían tener sabiduría espontánea, quisieron y lograron que nosotros la completásemos con ciencia y conocimiento. Sirva todo lo anterior para explicar la dureza, intransigencia supongo, con la que reacciono ante los muchos que hoy desprecian lo que lograron para nosotros quienes nos precedieron.

Si la ignorancia es dañina, mucho peor es presumir de ella o considerarla aceptable
y normal. 

Hablamos de desconocimiento evitable: en derecho tenemos dos palabras para matizar: ignorancia dolosa o culposa, dependiendo de la libertad de nuestros actos. En ambos casos espero humildad –siempre– y a ser posible deseo de reparación. ¿Cómo aceptar la jactancia de los necios?

Se multiplican dos especímenes que me resultan especialmente irritantes. Va por ellos. Contra ellos.

Habremos oído el falso principio que recomienda ‘hacer de la necesidad virtud’. Con una ligerísima adaptación, me sirve como lema de los dos especímenes irreverentes que quiero observar.

‘El ignorante tranquilo’ exhibe su ignorancia. Se aplica a cualquier tipo de ignorancia; podrás encontrar instrucciones de uso en pastillas formativas de Youtube (‘pereat academia, pereant professores...’). Elijo como ejemplo frecuente la expresión protectora: "Soy de letras". Este mensaje encriptado es el resultado de pasar una frase completa por el tamiz mágico que convierte necedad en virtud. Descodificada queda: ‘soy un completo analfabeto en el uso del lenguaje numérico y los más elementales conceptos matemáticos; tampoco he dedicado esfuerzo para remediarlo. No me importa. Somos muchos’.

En el otro lado de la calle vive ‘el conocedor imaginario’. Más discreto que su vecino en la aplicación la máxima de necedad, pero igualmente torpe y soberbio. Cree que sabe, pero ignora. Es el que un día eligió orgulloso las opciones de ciencias –tú que puedes...– porque pensó, pensaron en casa, que las letras, la expresión oral y escrita nos vienen de fábrica. Si quisieras mejorar (no lo necesitas) podrás hacerlo por tu cuenta, sin dirección de un tutor... Ya sabes: a escribir y hablar se aprende por ósmosis. Mira las ‘portavozas’ y los portavoces; ¡dónde han llegado sin injerencias academicistas! ¡Podrías ser como ellas!

Malos tiempos, cuando en una sociedad tanta gente está dispuesta
a hacer pasar su propia necedad por virtud.

Hablamos tanto de educación... y en realidad tan poco. Discuten una hora arriba o abajo de asignaturas consolidadas a repartir entre especialidades consolidadas (aprovechando el viaje para dejar recaditos a los que identifican como burguesía cristiana); conservadurismo en grado máximo. No me parece aceptable que asumamos como natural e inevitable el analfabetismo matemático, ni que consideremos satisfactorio que nuestros titulados y tituladas sean incapaces de redactar un folio estructurado, con lenguaje adecuado y buena articulación. Lo veo cada día en mis clases de la Facultad (¿qué estamos haciendo en las pruebas de acceso?, ¿cómo entran en esas condiciones?)

Mientras discuten la anécdota, se consolidan separaciones entre ámbitos del saber cada vez más entrecruzados; eso sí, a los ‘de letras’ no se nos permite el acceso al olimpo de la ciencia; no sé qué hacemos. Y unos y otros seguimos orgullosos de nuestro analfabetismo en lenguaje visual, tal vez para desaprovechar que tenemos una de la mejores expertas en él (Irala). No importa: ¿Acaso no hacemos todos presentaciones horrorosas y vídeos torpes? 

Etiquetas