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Un modelo de valor en la salud

Por
  • José María Gimeno Feliu
OPINIÓNACTUALIZADA 29/09/2020 A LAS 01:00
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'Un modelo de valor en salud'
POL

Si alguna conclusión unánime se puede obtener de la crisis sanitaria actual es que nada hay más importante que el correcto funcionamiento de los sistemas de salud como herramienta para proteger a los ciudadanos y, sobre todo, como necesario escudo para permitir el correcto funcionamiento del modelo económico y social de los Estados. El compromiso de todo el personal sanitario está resultando ejemplar.

En todo el mundo los sistemas sanitarios afrontan importantes desafíos clínicos y económicos, puestos en evidencia por la pandemia de la covid-19. Esto obliga a una revisión del modelo –no mera actualización– para conseguir mejor calidad y mayor eficiencia. De no afrontarse de forma adecuada, este contexto puede socavar el crecimiento y el desarrollo globales. Los objetivos de mejora de los resultados clínicos, ampliación del acceso a los tratamientos y la optimización de costes y eficiencia son fundamentales para todos los sistemas sanitarios. Por ello, en este momento –aun con la presión que supone gestionar el día a día de la pandemia– resulta aconsejable reflexionar sobre cómo adaptar el modelo sanitario a un contexto cambiante y cada vez más exigente, donde en todo caso hay que cuidar de la sostenibilidad financiera del modelo asistencial.

La revisión a fondo que nuestro sistema nacional de salud necesita tiene que poner el foco en la calidad de la atención al paciente.

La situación actual aconseja, junto a la necesaria revisión del modelo de organización administrativa –donde la universidad y sus institutos tienen una importante función de impulso–, avanzar hacia nuevos modelos de gestión sanitaria desde la perspectiva de procesos completos (frente a la fragmentación asistencial actual como práctica ordinaria), que pivoten sobre la mejor asistencia del paciente, que debe ser el eje de la nueva gestión.

El esfuerzo financiero dedicado a la salud es una inversión pública, lo que exige medir la eficiencia de dicha inversión. Así, el énfasis para reforzar nuestro modelo sanitario no debe estar en la asunción de un enfoque de gasto, sino en las inversiones que pueden rendir más que un recorte de costes en la atención sanitaria o en la reducción de precios a los proveedores. Y para ello resulta muy conveniente explorar (insisto, para procesos asistenciales concretos) modelos que midan el valor de los resultados, incorporando el riesgo compartido como elemento de garantía de una mejor calidad.

El nuevo modelo de salud exige avanzar hacia una nueva cultura colaborativa entre empresas, hospitales y Administraciones Públicas para diseñar nuevos modelos de atención sanitaria basados en el valor, mediante procesos integrados capaces de incorporar nuevas tecnologías y soluciones innovadoras capaces de brindar mejores resultados a los pacientes y, al mismo tiempo, mantener o reducir los costes preservando la sostenibilidad del sistema nacional de salud. Y eso no es privatizar, sino reforzar el ‘valor de lo público’. Un modelo de pago por resultados permite alinear la calidad asistencial con la sostenibilidad financiera del sistema y superar una errónea visión de ahorro como política principal. La ‘creación de valor en salud’ (VBHC) debe ser parte de la estrategia de las adquisiciones públicas (y de la organización de la asistencia), armonizando tanto el valor clínico de las innovaciones terapéuticas promovidas por la industria, como un valor económico para el propio sistema sanitario. De este modo, cada producto o servicio de salud que se adquiera ha de proporcionar también un beneficio económico que puede consistir en mayor eficiencia, reducción del gasto para los sistemas sanitarios o la ampliación del acceso a las terapias para más pacientes que se puedan beneficiar de ellas.

Es necesario medir el valor que aporta la inversión en procesos asistenciales concretos.

La dificultad existente hace años sobre cómo obtener y gestionar datos que permitan medir los resultados ya no puede ser considerada un problema irresoluble. El internet de las cosas, el ‘blockchain’, la inteligencia artificial, el ‘big data’ y los sistemas de ‘cloud computing’ son nuevas tecnologías digitales que nos permiten obtener la mejor información para poder medir y, sobre todo, tomar mejores decisiones asistenciales que incrementen la calidad de la salud de los ciudadanos. Y ese es el principal objetivo de un sistema sanitario público moderno y comprometido, que hace de la medicina predictiva, la medicina de precisión y la personalización de los tratamientos su seña de identidad. Existen ya experiencias de éxito. La burocracia o las inercias en interpretaciones restrictivas no pueden servir ya de excusa en la consolidación de un nuevo modelo de valor en la salud.

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