Despliega el menú
Opinión

la firma

Estación de paso

OPINIÓNACTUALIZADA 21/09/2020 A LAS 01:00
La Universidad de Zaragoza celebra el acto de apertura del curso académico 2020-2021
La Universidad de Zaragoza celebra el acto de apertura del curso académico 2020-2021
FRANCISCO JIMENEZ PHOTOGRAPHY

Son las 7 de la mañana. Marta baja a por su coche. Esta semana le ha tocado a ella ponerlo. Tiene que ir a recoger a Paco y a Sandra. Andrés no viene hoy porque tiene tutorías y no saldrá antes de las 18.30, como pronto. En casa de Paco se montan los tres. Sandra vive muy cerca. Enfilan la Avenida de los Pirineos. Salida de Villanueva. De Zuera. De Almudévar. Pasan las canteras y ya se ve Huesca. "¿Te has traído comida o vamos a la cafetería a picar algo?", pregunta Sandra. "No, que me he traído un ‘tupper’". Acaban de comer. Vuelta a Zaragoza.

Jorge le dice a Laura que esta semana Daniel irá en su coche. Que el viernes tienen una reunión en el departamento y se volverá el jueves por la tarde cuando acabe su última clase. Ya le gustaría irse con ellos y no tener que ir en el suyo, pero no hay un tren decente con el que volver desde Teruel. Con los ‘tamagotchis’ no hay quien se fíe y no quiere estar cuatro horas tirado en la vía esperando un autobús que acabe la ruta.

Estas historias son ficticias, pero reales como la vida misma. Estas historias volverán a repetirse en cuanto las restricciones de la pandemia hayan pasado. Son muchos los jóvenes profesores de nuestra universidad que podrían verse reflejados en ellas. Su vida se ha convertido en un tránsito. Todos los días compartiendo un coche o un piso con compañeros tan en precario como ellos. Tienen que compaginar su actividad docente con la investigadora, pues sin esta no hay méritos y sin méritos no hay plazas estables. La realidad es que muchos se conformarían con algo menos provisional. De vez en cuando sale una plaza, en Zaragoza generalmente, y ellos sueñan con volver y dejar de pensar en el coche como una herramienta de trabajo más.

Todos los días compartiendo un coche o un piso con compañeros tan en precario como ellos.

Las aulas vuelven a vaciarse. Ni se sabe cuántos profesores han pasado por ellas. Algunos valientes, muchos oriundos del lugar, deciden quedarse y desarrollar sus vidas en Teruel o en Huesca. Son pocos, menos de lo deseable. Así, se quejan en ambas ciudades, no progresaremos. Toda la vida seremos dependientes de las decisiones de otros, y de los limitados recursos de nuestra universidad. Siempre con la espada de Damocles sobre sus cabezas temiendo que alguna titulación comience a impartirse también en Zaragoza. Siempre con el temor de que no haya alumnos suficientes.

Ni Huesca ni Teruel, ni Teruel ni Huesca, son pasos dentro de la carrera de los docentes de la Universidad de Zaragoza. Debemos pensar y proponer acciones para que esta situación se revierta y ambos campus sean destinos tan atractivos como el resto.

Transportes y comunicaciones, agricultura y ganadería, cultura e historia, turismo de verano y de invierno, recursos naturales y otras muchas cosas no faltan ni en el norte ni en el sur. Tienen gentes que quieren vivir en sus ciudades, en sus pueblos, con condiciones iguales o mejores que las que se tienen en la gran urbe. Debemos escuchar atentamente lo que proponen para su progreso. Ellos son los que más saben de su propia problemática. Ellos son los que mejor implantarán los programas de desarrollo. Ellos y el tejido social y económico local. Sus iniciativas echarán raíces si las apoyamos, y será mucho más pronto de lo que se puede pensar. Y una actividad traerá otra, y otra. Ni nos podemos inventar necesidades que cubrir, ni pretender saber mejor que los propios afectados lo que más les interesa. Si en la universidad convertimos los campus periféricos en destinos temporales, se volverán ‘campus vaciados’, como el resto del territorio, y seremos cómplices de ello. Muchos países tienen fuertes desequilibrios como nosotros. La diferencia estriba en que se preocupan activamente por sus ciudadanos. Desde la Universidad de Zaragoza podemos demostrar que en esta tierra no hay ningún destino que solo sea una fugaz etapa en la carrera de un profesor universitario. Entre todos podemos hacer que sean punto de partida y no una estación de paso donde los trenes solo se detienen por un breve espacio de tiempo.

Etiquetas