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Opinión

el meridiano

Áreas de servicio

Por
  • Sergio Royo
ACTUALIZADA 17/09/2020 A LAS 01:00
Área de Servicio Rausan donde se ubica la primera peluquería del proyecto Original Barber
Área de Servicio Rausan.
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Como viajeros en un área de servicio de autopista. Así estamos, tal vez nos sentimos. Tenemos en cuenta y no olvidamos lo que nos ha traído hasta aquí (incluso nombramos mentalmente los pueblos ya recorridos y contamos kilómetros con la fidelidad asegurada del cuentakilómetros). Bajamos del coche y, estamos, de algún modo parados, pero con unas ganas incontenibles de volver a arrancar. Queremos llegar a nuestro destino y, a la vez, queremos (en la medida de lo posible), disfrutar del viaje. Y eso que este viaje nos tiene cansados, agotados, con más ganas que nunca de vislumbrar el nuevo destino y estrenar sábanas de hotel mientras la televisión es testigo de nuestro dormitar agotado de madrugada.

Como viajeros en un área de servicio de autopista.

Porque las áreas de servicio tienen algo de melancolía y también de esperanza: podemos, como Leonard Cohen, comprar una bolsa de Cheetos a las tres de la mañana y drogarnos con cafeína para aguantar doscientos kilómetros más; podemos, también, imbuirnos de tristeza al ver un puñado de vidas rotas, parejas que no se dirigen la palabra y rostros tan cansados que parece que ya no volverán a brillar. O, lo que es lo mismo, en esta área de servicio en la que nos encontramos todavía queda ilusión por escuchar la música que nos identifica, el nuevo cine que nos apasiona, practicar tímidamente el deporte que nos hace sentir más vivos e incluso cierto espacio para enamorarnos; pero en esta área de servicio la barra de bar está sucia, las camareras nos atienden apesadumbradas y el parón es tan gris que nos cuesta recordar otras tonalidades de color. En esta área de servicio el viaje parece no continuar.

Por eso ahora queremos dejar de ser viajeros en áreas de servicio y concluir el viaje.

Anhelamos el botón ‘reset’. Queremos llegar a la aventura que nos espera y poder darnos una ducha para caminar con pies frescos por el nuevo destino. De vez en cuando, la expectativa o la incertidumbre pueden ser fieles aliadas; en otras ocasiones -y me temo que esta es una de ellas-, comienzan a ser enemigas. Por eso ahora queremos dejar de ser viajeros en áreas de servicio y concluir el viaje. Que ruja el motor y las ilusiones vuelvan a ponerse en marcha, sin olvidar, claro está, que las prisas nunca fueron buenas.

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