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Opinión

la rotonda

La valentía de Martín Villa

Por
  • Joaquim Coll
OPINIÓNACTUALIZADA 09/09/2020 A LAS 01:00
Rodolfo Martín Villa
Rodolfo Martín Villa en una imagen de archivo.
Efe

No ha habido en la historia un solo proceso de cambio político ejemplar en todo, modélico. La transición española tampoco lo fue, aunque en algún momento se haya tendido a idealizarla en exceso calificándola de pacífica. Desde la muerte del dictador, en 1975, hasta la llegada al poder del PSOE, en 1982 –que es cuando se cierra la transición–, hubo 713 víctimas de violencia política, según ha contabilizado la historiadora francesa Sophie Baby en ‘El mito de la transición pacífica’ (2018).

Desde la muerte del dictador hasta la llegada al poder del PSOE hubo 713 víctimas de violencia política. 

Concretamente, 376 muertos a manos de la banda terrorista ETA, 178 por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y el resto a cargo de organizaciones de extrema izquierda, como los Grapo, o de extrema derecha, como los pistoleros que en 1977 causaron la matanza de Atocha contra los abogados laboralistas del PCE. La transición española no fue perfecta pero salió bien porque no derivó en un nuevo enfrentamiento civil y permitió alcanzar muy pronto un completo sistema de derechos y libertades.

Fue mérito de mucha gente, de los antifranquistas pero también de los reformistas del régimen franquista que, como el exministro Rodolfo Martín Villa o el expresidente Adolfo Suárez, apostaron por el entendimiento con la oposición democrática. Por eso, la querella por asesinato y genocidio que desde hace años está tramitando la jueza argentina María Servini es un completo disparate.

A Martín Villa, en calidad de ministro del Interior entre los años 1976 y 1979, le tocó lidiar con el periodo en que hubo mayor violencia política, la mayoría terrorista pero también a cargo de una Policía que todavía no se había adaptado al marco democrático.

La querella que tramita una juez argentina contra el ex ministro español es
un completo disparate.

Hubo abusos y torturas, cierto, pero al exministro no se le puede hacer responsable de ningún hecho concreto. El ex secretario general de Comisiones Obreras, Antonio Gutiérrez, que fue torturado en 1976, ha enviado una interesantísima carta a la jueza en la que exime a Martín Villa de cualquier culpa por los sucesos de Vitoria, en los que murieron cinco trabajadores por una brutal carga policial. Imputarle tales delitos "no es solo una sarcástica e insostenible tergiversación de su trayectoria, sino de todo el proceso de transición hacia la democracia".

La transición venció a sus enemigos, que también eran los de Martín Villa, uno de los políticos que en aquellos ‘años de plomo’ más amenazas e invectivas recibió, tanto de los ultraderechistas como de los terroristas.

Hace bien el exministro (de 85 años) en defenderse ante la justicia argentina en lugar de refugiarse en la Ley de amnistía de 1977 o en el rechazo del Gobierno español a la petición por extraditarle.

La transición no fue perfecta, pero es una página de la historia de España de la que podemos sentirnos orgullosos. No hay que mitificarla, pero tampoco consentir que se denigre.

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