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Opinión

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Desazón en las aulas

ACTUALIZADA 27/08/2020 A LAS 02:00
El comienzo de un curso escolar que resultará problemático
El comienzo del curso escolar resultará problemático
Heraldo

Si el curso escolar 2019-20 ha sido complicado en todo el sistema educativo, el 2020-21 no lo será menos. La incertidumbre, provocada por el virus de Wuhan y la pandemia está lejos de terminar. Nos ha cambiado la vida. Y como bien hemos experimentado, la pérdida de rutinas y de ‘certezas’ cotidianas produce, entre otros efectos secundarios, desazón, mucha desazón. Además, al problema de salud pública se han ido sumando contratiempos. Cuando parecía vencida la ola, en estos meses de verano se han multiplicado los contagios. Y con ellos los problemas. El más importante es la crisis económica pero otro de gran calado es, precisamente, la organización y gestión del sistema educativo.

La vuelta a las aulas está prevista para dentro de pocos días. En nuestro país, en Aragón, el periodo lectivo del calendario escolar de enseñanzas no universitarias arranca el lunes 7 de septiembre con el segundo ciclo de Educación Infantil. El martes 8 lo harán Educación Primaria, Educación Especial, Primer y Segundo Curso de ESO en colegios de Educación Infantil y Primaria y en los CRA, Artes Plásticas y Diseño. Así, sucesivamente, el resto.

¿Qué va a pasar? Nadie lo sabe. ¿Qué se ha previsto? Poco o nada, salvo imponer las mascarillas y la jornada continuada a todos los centros por igual. Esto, perjudicando estructuralmente a los concertados, en muchos de los cuales ya tenían diseñadas formas de organización y gestión que ahora deberán cambiar apresuradamente. Ah, y un nebuloso procedimiento para los casos de contagio donde cada quien se las ha de apañar. ¿Se han buscado alternativas? Quizá, pero no hemos visto ni oído ninguna solvente por parte de la administración educativa. Y ahí tenemos un problema de liderazgo para toda España, por parte del Ministerio que posturea y estropea la ministra Celaá y otro, propio, por parte del Gobierno de Aragón. Ante la incertidumbre: el mínimo esfuerzo, ninguna inversión y quietos en la mata. ¡A ver si escampa!

Así que el panorama no pinta nada bien. Por eso mismo aumenta la desazón. Sin embargo, dado que el desastre ya está anunciado, ¿por qué no buscar soluciones disruptivas? Por ejemplo, comenzando por responder a tres preguntas elementales: ¿qué sistema educativo queremos?, ¿qué es lo esencial e irrenunciable?, ¿dónde debemos concentrar recursos y tiempo? A dos semanas vista del arranque de curso no hay mucho margen para llegar a posiciones comunes. Son muchos los grupos de presión y los intereses en juego. Quizá por eso no se ha hecho nada anticipadamente.

Nuestro sistema educativo hoy es un modelo industrializado orientado a la domesticación, clonación de saberes y trivialización de las respuestas. En ocasiones, un mero aparcamiento de niños en las escuelas, mientras los progenitores trabajan. Las grandes utopías se han ido diluyendo por efecto del pragmatismo de la sociedad de consumo y del capitalismo digital. Son muchos y muchas quienes prefieren adoctrinar en el campo de las emociones, en vez de instruir e impulsar el pensamiento crítico sustentado en tres verbos: leer, escribir y razonar.

Esto se puede hacer con un trabajo personalizado, cara a cara y presencialmente, o de otros modos. Pero siempre haciendo del sistema educativo una suma de voluntades al servicio de una mejor sociedad, lo cual no es monopolio del Estado.

Es irrenunciable formar en la autonomía individual –sentando las bases para que cada estudiante sea capaz de pensar de manera crítica e independiente– y en la cooperación –en pos del bien común–. Trascendiendo la mera orientación al mercado y al dinero, aspirando a conseguir la belleza y la justicia en la vida cotidiana. Esto sonará a mera palabrería imprecisa, pero sin meta no hay rumbo posible.

Como los recursos son limitados, comiéncese por adelgazar el repertorio de materias y hacer que los chicos y chicas lean y escriban más. Permítase a cada centro gestionar los tiempos y espacios con creatividad, para obtener la mayor presencialidad posible. Dótenlos de los recursos necesarios y confíen. La escuela, el sistema educativo es el gran motor de cambio social, si no lo cuidamos estamos condenados al fracaso como sociedad.

Chaime Marcuello Servós es profesor de la Universidad de Zaragoza

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