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¿La ideología del siglo XXI?

OPINIÓNACTUALIZADA 04/07/2020 A LAS 01:00
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¿La ideología del siglo XXI?
ISM

Las élites españolas y, en general, europeas siempre se han mirado en el espejo francés. Más allá de guerras y alianzas, el ‘hexágono’ ha sido visto como una avanzadilla tanto respecto a la política como a la cultura: desde la Ilustración al Mayo del 68, desde la Revolución de 1789 a la separación de la Iglesia y el Estado, desde los aforismos de Montaigne a los versos de Baudelaire, desde las películas de la ‘nouvelle vague’ al extraño influjo de los ‘mandarines’ (Foucault, Barthes, Godard, Sartre, Malraux…). Incluso ahora, cuando las nuevas generaciones han dejado de ser afrancesadas para volverse anglosajonas, seguimos mirando de reojo a París para intentar vislumbrar lo que nos espera a la vuelta de la esquina.

¿Y qué refleja el espejo francés? Hoy muestra a un país en el que la ecología se consolida en el centro del tablero político. Los Verdes, aliados con formaciones de izquierdas, han sido los vencedores en la segunda vuelta de las elecciones municipales celebradas el pasado domingo. De las diez ciudades más pobladas, siete tienen ecologistas en las coaliciones más votadas. París seguirá al mando de la socialista Anne Hidalgo, que ha puesto al medio ambiente en la óptica de todas las decisiones municipales.

Francia ha protagonizado una de las primeras votaciones en Europa tras superar la fase más dura de la pandemia y ha marcado tendencias: crece la desafección política a pesar de que es un país muy politizado (60% de abstención), sigue fragmentándose el sistema de partidos y, sobre todo, el coronavirus acelera la ‘revuelta verde’ que ya se había podido vislumbrar. La crisis sanitaria ha sido un anticipo de lo que puede pasar con el cambio climático y los ciudadanos han tomado conciencia de ello. Con el confinamiento, muchos se han dado cuenta de la importancia de contar con espacios verdes, silenciosos y limpios, o de consumir productos de proximidad.

La pregunta es si es este el ‘espíritu de nuestro tiempo’, lo que los alemanes denominan el ‘zeitgeist’, el clima intelectual y cultural de una época. La coincidencia del coronavirus y del cambio climático, ¿puede generar el impulso necesario para construir un nuevo contrato social que reparta mejor la prosperidad económica y permita ganarles la batalla a los populismos autoritarios?

John Rawls, el gran filósofo liberal de la segunda mitad del siglo pasado, identificó en su ‘Teoría de la Justicia’ algunos elementos imprescindibles del contrato social. Así propuso un ‘velo de ignorancia’ como un hipotético escenario para promover la igualdad y la libertad: todos los individuos, en la posición original, estamos bajo este velo que nos impida saber el lugar que ocuparemos en la sociedad, así como cuál es nuestro punto de partida (si seremos ricos o pobres, hombre o mujer, empleado o parado, sano o enfermo). Esa incertidumbre nos hace más racionales y solidarios, nos predispone a apoyar políticas e instituciones inclusivas que nos aseguren a todos frente a las contingencias adversas.

La covid-19 y el cambio climático producen este ‘velo de ignorancia’, respecto a nuestra situación en el futuro, que puede generar el impulso necesario para construir un nuevo contrato social verde. Todos nos hemos sentido vulnerables ante la enfermedad y queremos más seguridad sanitaria, un hábitat de mayor calidad, energías limpias, políticas industriales y agrarias que aseguren nuestra autonomía respecto a terceros países… Por todo esto avanza la conciencia ecológica, como se refleja en el espejo francés. No obstante, los imperativos económicos pueden disiparla.

El nuevo reto para las sociedades democráticas es cómo compatibilizar la ecología con el capitalismo. En el concepto de sostenibilidad hay una idea de autocontención, de no exceder los límites de los recursos naturales y de no generar más residuos que los que el planeta pueda absorber. Pero el capitalismo no es un sistema autocontenido ‘per se’, pues su base es el crecimiento constante: sin crecimiento económico la tasa de regeneración del capital es cero o negativa, lo cual destruye el beneficio del capital.

¿Será capaz el ‘tsunami’ del coronavirus de consolidar un ‘capitalismo verde’? 

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