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Opinión

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Cuentas claras

Por
  • Alfonso Peña Ochoa
ACTUALIZADA 01/07/2020 A LAS 02:00
Opinión
'Cuentas claras'
Krisis'20

Hoy se cumplen diez años desde que la Cámara de Cuentas comenzara su andadura. Y en esta década, intensamente vivida, se ha consolidado como institución. Hace tiempo que funciona a pleno rendimiento y, como acredita su hoja de servicios, en estos años ha fiscalizado en profundidad la gestión económica del sector público aragonés y ha adquirido un buen conocimiento sobre su organización, su funcionamiento y sus riesgos.

Frente a la limitada fiscalización que existía en Aragón en el año 2010, la Cámara ha publicado desde entonces decenas de informes. En ellos hemos abordado no solo la auditoria anual de las cuentas de la Diputación General de Aragón -nuestra misión principal-, sino también el examen de la gestión de otras muchas entidades y asuntos públicos. Me refiero, por citar solo algunos ejemplos, a los informes de fiscalización del Ayuntamiento de Zaragoza o relativos a las principales entidades locales de Aragón, a los que se han centrado en las cuentas de la Universidad, en la gestión del FITE, del plan de la minería o del servicio de saneamiento y depuración, y a los que han revisado la gestión empresarial de SARGA, EXPO o Motorland, entre otras sociedades. Todos ellos han aportado datos contrastados y luz sobre la gestión realizada. Y, además, se han ejecutado en unos plazos razonables.

De esta forma, nuestros informes se han ido convirtiendo en estos años en una herramienta necesaria para que el Parlamento y la opinión pública puedan ejercer eficazmente sus funciones de control de la gestión económica del sector público, esenciales para un buen funcionamiento democrático.

Para que todo esto haya sido posible han sido decisivos tres factores. En primer lugar, el constante apoyo de las Cortes de Aragón, que durante estos años nos han dado el soporte presupuestario y la cobertura institucional necesaria para poder cumplir nuestra misión de forma técnica e independiente, sin injerencias en nuestro trabajo y respetando exquisitamente nuestra autonomía de gestión. En segundo lugar, ha sido importante la actitud que han tenido con la Cámara los responsables de las administraciones que auditamos. En este tiempo, siempre nos han ofrecido colaboración para poder realizar nuestras fiscalizaciones, en buena medida ingratas para ellos, y siempre han recibido sus resultados con respeto, por contrarios que estos fueran. Esto da muestras del alto nivel de nuestras instituciones, que han asumido la existencia del nuevo control con normalidad, como ocurre en las democracias avanzadas. Y, en tercer lugar, ha resultado decisiva para la rápida consolidación de la Cámara la amplia cobertura que han dado a nuestras actuaciones los medios de comunicación, que han ayudado a dar relieve y difusión a nuestros informes y a hacer entender mejor nuestro papel como institución de auditoría del sector público.

No quiero cerrar estas líneas sin dar las gracias a todos los que han hecho posible este proyecto. Solo citaré, por no hacer la lista interminable, a Antonio Laguarta, que lo puso en marcha y a los consejeros y empleados de nuestra institución, sin cuya entrega nada hubiera sido posible; a las instituciones de control de cuentas españolas y europeas, que nos enseñaron a dar los primeros pasos; a las corporaciones de auditores, que siempre nos ayudaron y a la Universidad de Zaragoza, por su apoyo técnico constante.

Hoy Aragón es una comunidad con las cuentas más claras. Desde aquel 1 de julio de 2010, la gestión pública ha estado mejor fiscalizada y, seguramente, como consecuencia de la implantación de este nuevo control que ejerce la Cámara de Cuentas, se ha ganado en integridad y en transparencia y ha aumentado la rendición de cuentas y la calidad de nuestras instituciones. Esta ha sido nuestra modesta contribución en estos diez años de vida. Y así queremos seguir en el futuro. Como una institución útil, que sirve para influir con sus informes en el buen funcionamiento de nuestro sector público. Que trabaja con vocación de servicio público, aspirando a que nuestras administraciones y los ciudadanos confíen en el criterio técnico e independiente de su Cámara de Cuentas. Trabajando, en definitiva, por un Aragón aún mejor.

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