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Por qué Europa es el camino

Por
  • Jose María Gimeno Feliu
OPINIÓNACTUALIZADA 30/06/2020 A LAS 02:00
Opinión
Por qué Europa es el camino.
Heraldo

Finalizado el estado de alarma, debatíamos unos buenos amigos, reunidos tras una amable invitación de comida y piscina (¡gracias a los anfitriones!), sobre el contexto derivado de la crisis y concluíamos que la solución pasa por más Europa. El virus ha demostrado la insuficiencia del concepto de las fronteras, y la respuesta dada, a posteriori, aconseja revisar las soluciones para que se aborden a escala europea. La idea de Europa construida tras la Segunda Guerra Mundial pretendía (y pretende) avanzar hacia un modelo de sociedad pacífica y colaborativa, que suma en la diversidad y que aspira a una alta calidad asistencial de los ciudadanos. La Europa inicial del mercado común es ahora la Europa de las libertades, de la democracia y del Estado social. Y, por supuesto, de la cohesión y la solidaridad, como se acredita por el importante esfuerzo financiero que se va a realizar conformando un verdadero escudo económico y social, del que en España seremos grandes beneficiarios. Por eso, hoy más que nunca, en un contexto de globalización muy polarizado entre el eje neoliberal americano y la visión claramente intervencionista en la esfera de las libertades del eje asiático, necesitamos más Europa entendida como garantía de la democracia, de la sostenibilidad social y ambiental y, por supuesto, de los derechos individuales.

Sin embargo, la crisis ha puesto de manifiesto ciertas debilidades que no deben ser consideradas como pérdida de valor de la idea de Europa, sino como ocasión para el impulso. En una Europa donde el mercado económico es uno de los pilares urge corregir la ausencia de una política común de salud. La Unión Europea debe impulsar una nueva gobernanza sanitaria, profesionalizada, que haga del sector salud un motor económico y de defensa de los derechos de los ciudadanos (el impacto en la economía de la pandemia demuestra lo importante que es concebir a la salud como una inversión y no como un gasto). Entender la salud como soberanía estatal es, en este siglo XXI interconectado, un concepto claramente superado. Si las enfermedades no entienden de fronteras en su transmisión resulta obsoleta una política sanitaria de crisis a escala estatal (y menos regional o local). Y lo mismo sucede con la respuesta brindada desde las compras públicas sanitarias, aconsejándose un modelo moderno y propio que ponga el acento en el valor y no en el precio, y que incentive la innovación, la creación de empresas y el trabajo especializado en un sector tan dinámico como esencial (sirva de ejemplo el esfuerzo conjunto europeo para alcanzar una vacuna para la covid-19).

En esta nueva arquitectura europea es imprescindible resolver los problemas de las asimetrías fiscales, de inadmisible justificación. Las inversiones tampoco entienden de fronteras y por ello Europa debe tener un modelo propio y uniforme donde ningún Estado pueda hacer competencia fiscal desleal a otros países. Las anomalías existentes (Irlanda o Luxemburgo, por ejemplo) deben ser corregidas. Los agravios impositivos son, además, una amenaza a los propios cimientos de la construcción europea. Igualmente, los Estados deben respetar el compromiso por un modelo de estabilidad financiera uniforme, adoptando cada uno las reformas estructurales necesarias para evitar un escenario de confrontación entre Europa del norte y Europa del sur.

De esta crisis sanitaria global no hemos salido más fuertes. Hemos afrontado un escenario distópico desde cierto individualismo estatal que ha puesto de relieve la insuficiencia del modelo de gestión a escala nacional. Para ser más fuerte y para avanzar hacia un futuro más cierto necesitamos más y mejor Europa. Una nueva cultura que ponga el acento en lo que nos une (y no en lo que nos separa). Una Europa que haga de la lucha por las libertades, de la responsabilidad, de la educación y de la solidaridad sus señas de identidad frente al riesgo de una globalización depredadora y de nacionalismos excluyentes. Europa es el mejor ‘escudo y espada’ para combatir las crisis sanitarias y económicas internacionales derivadas de la globalización. Hagamos de Europa un modelo de saber sumar, de atraer talento (regulando la inmigración legal), de dar garantías a los derechos sociales. Salir más fuerte exige impulsar Europa y su modelo, que busca integrar y no romper, que hace del dialogo y no de la imposición la forma de entender la política. Una Europa sin fronteras, solidaria, responsable socialmente, comprometida con el medio ambiente, con vocación de liderazgo ante las actuales exigencias tecnológicas. En ello está el futuro poscrisis. Yo, como ciudadano, reclamo, para ser más fuerte, más y mejor Europa.

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