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Opinión

la rotonda

¿Necesitamos un nuevo modelo económico en España?

ACTUALIZADA 29/06/2020 A LAS 02:00
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Industria
Heraldo.es

Nos hemos llevado las manos a la cabeza cuando hemos visto que el turismo, una de las claves económicas de España, se nos ha caído por completo, arrastrando el cierre de miles de empresas y la destrucción de millares de puestos de trabajo. Recuperar el daño producido va a ser una labor larga y complicada. Habíamos puesto demasiados huevos en la misma cesta y ahora ha quedado en evidencia la endeblez, el riesgo y peligrosidad de la apuesta. Creo sinceramente que el turismo, componente principal de nuestro sector servicios, es una de las armas económicas a las que España nunca debe renunciar, gracias a nuestro clima, a nuestro patrimonio y hasta a nuestra alegre y acogedora manera de ser. Pero no es la única.

Quizá hemos descuidado otros factores económicos que contribuyen al PIB, hasta los hemos olvidado, cuando no denostado. El sector primario –la agroganadería, con su derivada de la agroalimentación– y la industria parecen haber quedado relegadas en nuestra visión de lo que la riqueza de una de las primeras economías del mundo representa. Cuando precisamente los equilibrios en las economías se producen si la ponderación de factores es, a su vez, equilibrada. Quiere ello decir que hay que atender a que todos los factores que contribuyen a la composición del PIB sean suficientemente no solo valorados, sino potenciados, para evitar disfunciones.

Los países más prósperos y desarrollados disponen de una estructura industrial importante. En España, las regiones más prósperas son las que más componente industrial tienen, aunque España, como conjunto, haya ido perdiendo capacidades. Y hoy estamos aún muy lejos de alcanzar ese 20% de presencia industrial en el PIB al que Europa se propuso llegar como media para este mismo año de 2020.

Necesitamos relanzar la industria, hacer que España sea una nación con potencia industrial. Tenemos condiciones y sabemos hacerlo, pero es necesario que los poderes públicos entiendan que la industria no es ningún enemigo y que deben crearse los marcos necesarios para que la industria pueda funcionar y prosperar. Eliminar burocracia, simplificar la normativa, crear un ambiente propicio y establecer un adecuado sistema fiscal serían condiciones que las administraciones públicas podrían poner a disposición de la industria para permitir su relanzamiento.

No se trata de quitar valor a la contribución del turismo y los servicios a nuestra economía. Pero sin duda alguna el sustrato de estabilidad lo proporciona un sector industrial potente, que en España se necesita poner en marcha. Así lo confirman los diferentes estudios e informes que claman por la reindustrialización de nuestro país, para conseguir un ‘mix’ económico menos dependiente de una terciarización que quizá haya ido demasiado lejos y que ahora mismo ha mostrado su debilidad.

Hagamos una apuesta por la industria. Nuestra economía ganará peso, profundidad y estabilidad.

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