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Opinión

la firma

Izquierda. Derecha

Por
  • Jesús Morales Arrizabalaga
ACTUALIZADA 26/06/2020 A LAS 02:00
Opinión
'Izquierda. Derecha'
Heraldo

El lenguaje y del sistema de conceptos que sustentan el discurso político envejecen y se empobrecen. La lista de palabras es cada vez más corta; en los últimos debates de investidura apenas ocho o diez fijas, a las que, según la materia, se añaden un par, extraídas de una lista no mucho más extensa. Tienden a presentarse emparejadas: en un formato binario (blanco-negro; conmigo-contra mí). La presencia de estas palabras es tan intensa que provoca una réplica definida por contraposición: espero a ver qué palabra utiliza el orador y diseño un concepto antagonista que la neutralice. Y si no la puedo neutralizar, diré algo igualmente sonoro y simplificado para que parezca que neutralizo; si me reprochan algo en materia de transporte, yo replico hablando del rescate de la banca... ¡Y sirve! Los leales lo darán por suficiente porque sólo valoran mi gesto, mi actitud gallarda frente al mal.

En este momento la palabra principal en el discurso del entorno del Gobierno es "la derecha". Es el nombre mediante el cual se crea el sujeto alternativo. Tienen confianza en su efecto paralizador, movilizador y configurador: parece que su mera invocación convertirá mágicamente un discurso sin sustancia en discurso de izquierdas; todavía tan prestigiado.

Hace cuarenta años era más fácil ser de izquierda; tampoco eran muy exigentes con los conceptos. El paso del tiempo ha provocado transferencias ideológicas notabilísimas. El socialismo renunció al marxismo y asumió la economía de mercado, entró en la OTAN, y se relaciona con naturalidad con multinacionales, incluso del demonio imperialista. Destacados líderes de la derecha están hoy felizmente casados con persona de su mismo sexo y son padres. El Papa, institución de derechas por antonomasia, firma la "Laudato sí"... Empresas significativas del maléfico ‘gran capital’, asumen protagonismo en la economía circular, haciendo desaparecer de nuestros vertederos millones de toneladas de nuestra basura; emisiones cero. Se someten a criterios muy rigurosos de cumplimiento normativo (compliance)...

Los malos ya no se reparten por barrios. La mayor parte de los valores principales son compartidos; muchas de las diferencias aparecen sólo mediante una observación muy detenida. Las que fueron posiciones de partida están difuminadas; mezcladas; redistribuidas. Hay que repensar. Dejar de lado conceptos fatigados o exhaustos y discurrir tres o cuatro nuevos, construidos para administrar el espacio político multidimensional del futuro, no la sociedad burguesa del siglo XVIII. Conceptos como "izquierda" o "derecha" ya no son fundamento fiable para anclar y organizar un mapa político complejo. Plantean un dilema que es falso dilema: ofrecen sólo dos opciones, cuando el abanico real es mucho más amplio. Además llegan con desigual carga valorativa; "derecha" se presenta con una fuerte carga negativa, mientras "izquierda" es casi neutral, cuando no favorable. El uso de este tipo de palabras con prejuicios incrustados sesga la discusión y la hace improductiva.

La contraposición "izquierda-derecha" parte de una representación lineal del espectro político, con sólo dos posiciones. Ya no explica nada. Ni se entiende. Para una adecuada representación debemos manejar modelos con varios ejes. Dentro de cada uno de estos, la escala debe ofrecer no dos, sino varios grados o niveles. ¿Cuántos de estos ejes definen una posición política? No sé; tendríamos que discutirlo. Espontáneamente se me ocurren no menos de media docena, cada uno con sus derivadas.

En el formato actual, un partido es arrastrado a sostener tesis opuestas porque esta contraposición general, este antagonismo binario, es el que usa para definir sus propuestas forzadamente diferenciadoras.

Con un enfoque desagregado se atenuaría la actual imagen de "bloque discursivo" compacto que obliga a aceptarlo o rechazarlo entero. Si confiásemos en la fuerza de nuestro discurso propio, nos liberaríamos de esa condena a ser constantemente el negativo del contrario político y abriríamos mayores espacios para encontrar posiciones compartibles; para expresar que es mucho más lo que compartimos que lo que nos diferencia. Es el deseo que resuena cuando las redes se silencian.

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