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Opinión

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Escapadas culturales

ACTUALIZADA 19/06/2020 A LAS 09:43
Mausoleo romano de Fabara.
Mausoleo romano de Fabara.
Guillermo Mestre

En el confinamiento obligado hemos aprendido a valorar las pequeñas cosas de la vida que suelen estar al alcance de la mano pero que no apreciábamos como merecían. Hasta que llegó el miedo al contagio, restábamos importancia a gestos habituales como dar un beso a nuestros hijos o pasear por el campo al atardecer. La salida de ese letargo nos permite, sobre todo a los residentes en la macrocéfala Zaragoza, disfrutar del tiempo libre en la ribera del Ebro, o pasear por los galachos de Juslibol, exuberantes de agua y vegetación gracias a la lluviosa primavera.

Si se dispone de más de una mañana libre, es ocasión de descubrir, para quien no lo haya hecho antes, joyas del pasado sin necesidad de coger el avión ni recorrer cientos de kilómetros. Por ejemplo, se puede visitar sin salir de la provincia de Zaragoza el mausoleo romano mejor conservado de España, en Fabara. Más cerca todavía de la capital, a una hora hacia el sur, se puede conocer una de las obras hidráulicas más importantes y mejor conservadas de Hispania: la presa romana de Almonacid de la Cuba, que con sus 32 metros de altura regulaba el caudal del río Aguasvivas. A tiro de piedra está la villa romana de La Malena en Azuara, o el yacimiento del Cabezo de las Minas en Botorrita donde se hallaron bronces en lengua celtíbera. En la provincia de Teruel, a dos horas de la capital aragonesa puede verse el acueducto que une Albarracín con Cella a lo largo de 25 kilómetros. Son huellas de nuestro pasado que es bueno recordar. Porque difícilmente se puede defender lo que queda de ese legado histórico si ni siquiera se conoce. 

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