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Opinión

la firma

Al otro lado

ACTUALIZADA 18/06/2020 A LAS 02:00
Opinión
'Al otro lado'
POL

Escribir es abrir paso a las palabras. Es una forma de fijar el pensamiento, de organizar la propia conciencia y de tejer asideros donde arraigar la memoria. Con la escritura también se desnuda el espíritu; se miden la claridad de los razonamientos y la capacidad de expresar ideas. Escribir es un acontecimiento personal, pero también un acto político, en cierto modo, humanizador. Por un lado, es un asunto individual que sucede en un cerebro. Por otro, solo tiene sentido en un contexto social donde las palabras están siempre antes que el sujeto. Quien escribe siente que juega con los textos, sabe que según cómo redacta provoca efectos en su entorno. La escritura transciende al autor en cuanto lo escrito se hace público y permite la lectura.

En mi caso, desde muy pequeño supe la importancia de leer y escribir. Quizá porque mis abuelos paternos fueron analfabetos, hasta que mi padre se hizo maestro. Mi madre nos sigue recordando que él prefería un libro antes que un plato de gambas. Cuando murió, nos dejó recién comprada la enciclopedia Larousse que fuimos pagando a plazos en su recuerdo. Además, con mi padre descubrí ‘voces’ que no estaban en el diccionario, porque hablábamos otra cosa, que tardé en llamar con orgullo aragonés. Y también se escribe.

Su amigo del alma, mi padrino Aurelio, sigue recordando que las palabras alimentan más que el pan. Guardo los libros que me regalaba para infectarme con el virus lector. En él descubrí el reto de escribir en HERALDO. En sus años mozos publicó más de 300 artículos y reportajes en varias secciones. Y ahí sigue, con sus noventa largos enviando su contribución para sentir el gusto de escribir, de leerse y ser leído. Esta es una suerte que también tiene sus riesgos. Al otro lado del texto nunca se sabe qué sucederá.

Por ejemplo, el jueves pasado con ‘Recuperar vs. reconstruir’ recibí varios elogios completamente inesperados y un par de rapapolvos contundentes. El propio Aurelio me dijo que había mucha paja y que escribir bien consiste en podar lo sobrante. Entre las críticas, llegó el correo de una amiga a la que estimo. Según me dijo, quedó completamente descolocada. No compartía mi perspectiva, sentía y lamentaba la deriva de mi ‘análisis’. Y decía: "No sé si responde a un afán extremo de provocación o a encontrar un buen puesto en las listas de Vox". Intercambiamos un par de mensajes. Le respondí que no veo extremismo en el texto, ni tampoco interés en sumarme al partido de Abascal. Eso sí, queda claro que con la versión actual de ‘sánchezeiglesias’ no me encontrarán. En otro correo, señaló los párrafos más controvertidos. Desde su perspectiva, he caído en la demagogia y hago juicios sin fundamento. Su lectura se queda con una parte del texto, la diferencia de verbos no le interesa. Tendremos que conversar. Al escribir se pierde el tono, los guiños y la modulación que tiene la voz. Por mucho que se intente, se escabulle. Uno cree saber qué escribe, pero no sabe cómo se leerá.

Está claro que no supe destacar tres pilares del argumento. Primero, a una persona sin escrúpulos no le importa desdecirse, cambiar de ‘verdad’ –de sabios es rectificar, dirá–. Pero son políticos sin escrúpulos quienes truecan su ‘verdad’ sin pudor para mantenerse en el poder. Si faltan a su palabra se alejan de las virtudes públicas y corrompen la moral de la sociedad. El compromiso con la palabra dada es clave para la vida política democrática. Segundo, la gente de a pie no necesitamos que nos tutelen ni nos vigilen. Necesitamos mejor formación, más educación, más pensamiento crítico, comenzando por cuestionar al poder dominante. Esto a mi amiga le "resuena a la Arcadia ácrata por un lado, o a Aznar reclamando que él sabe lo que bebe y cuánto bebe". Recuerda que no es "votante socialista, pero en medio de toda esta pandemia [siente] que, con sus errores, somos afortunados de que gobernase la coalición ‘chavista, bolivariana, marxista, comunista, etc.’". No sé si eso es una suerte o una maldición. Necesitaremos tiempo para comprobarlo. Y tercero, no son neutrales los verbos, en lo que aquí nos toca, además de escribir y leer más y mejor, nos falta conversar para entender(nos) y respetar el valor de las palabras. No todo vale.

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