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Opinión

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Sectores clave

ACTUALIZADA 15/06/2020 A LAS 11:24
La automoción, un sector clave.
La automoción, un sector clave.
P. Ostalé

Están obligados los gobiernos a respaldar a todos los sectores económicos, que es donde están las empresas que crean riqueza y empleo en una región o en un país. Trabajar para que «nadie se quede atrás» –como se ha dicho muchas veces a lo largo de la crisis actual– es un imperativo, sí, pero hay que asumir que conseguir ese objetivo es imposible. Siempre hay empresas (y personas) que se quedarán atrás. Muchas pymes ni siquiera van a sobrevivir a la actual crisis del coronavirus, porque a las nefastas consecuencias del parón de su actividad durante dos o tres meses se suma una recuperación que aún tardará en llegar, por muy buena voluntad que pongamos entre todos.

En este escenario, ponen las instituciones el foco en aquellos sectores que son fundamentales en sus territorios. Ámbitos de actividades que fortalecen sus economías, con empresas que ejercen de locomotoras de pymes y autónomos y que permiten que a los puestos de trabajo directos que se generan se sumen muchos más indirectos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció ayer la puesta en marcha de planes específicos para la industria de la automoción y para el turismo, sectores que en ambos casos representan más de un 10% del producto interior bruto (PIB) español. El Ejecutivo aragonés coincide con el central en dirigir recursos a empresas del automóvil, por la presencia en Zaragoza de una de las fábricas más grandes del sector en el país, la de Opel España (del grupo PSA) en Figueruelas, y una industria auxiliar que trabaja para esa multinacional y para factorías de otras marcas. Más de 25.000 empleos directos dependen de este sector en el sentido más amplio en la comunidad autónoma.

Sánchez precisó que hoy se darán los detalles de un plan para el auto de 3.750 millones de euros que incluirá ayudas para la renovación del (envejecido) parque de vehículos que recorren nuestras calles y carreteras, con la particularidad de incentivar la compra de más coches eléctricos.

El presidente del Gobierno aragonés, Javier Lambán, dijo minutos más tarde que daba la bienvenida a ese plan, pero apuntaba que había que ser realista y centrarse no solo en el apoyo a la compra de coches enchufables, ya que se fabrican muchos más vehículos convencionales (a gasolina o diésel) que eléctricos –que «también son más caros», recordó–, por lo que pidió más flexibilidad en esta cuestión.

Ya hace unos días la consejera de Economía, Planificación y Empleo, Marta Gastón, anunció la publicación de una manifestación de interés previa a las ayudas a la I+D para el sector de la automoción en Aragón. Una línea de subvenciones similar a la que se aprobó el año pasado para el mismo sector (que fue de 6,6 millones de euros), si bien la de entonces se circunscribía a iniciativas vinculadas al vehículo eléctrico y en este caso va más allá e irá a proyectos «destinados a mejorar la movilidad y hacerla más sostenible».

Gastón anunció ese mismo día que además de apoyar económicamente acciones vinculadas a la seguridad laboral en las empresas para su adaptación a la nueva normalidad, así como otras para digitalización, la DGA sacará en las próximas semanas otras dos órdenes similares a la de automoción, una para empresas que trabajen en acciones de economía circular y otra para el ámbito logístico-farmacéutico.

Con estos anuncios, el Gobierno de Aragón se ‘moja’ en sus preferencias en el ámbito económico, lo que supone toda una declaración de intenciones cuyas consecuencias –las quejas de aquellos sectores que puedan sentirse peor tratados– deberá asumir. En el mundo del automóvil suelen decir que las ayudas de un plan Pive, por ejemplo, se acaban devolviendo con creces a través de impuestos, pero esto no convencerá a quien se sienta insuficientemente respaldado.

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