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Opinión

la firma

Telesoluciones

Por
  • Jesús Morales Arrizabalaga
ACTUALIZADA 12/06/2020 A LAS 02:00
Una imagen de archivo de una joven mirando un ordenador.
'Telesoluciones'.
Heraldo

Hoy estamos familiarizados con el proceso de desarrollo y producción de una vacuna; sabemos que se lleva mal con las prisas. Si ya somos por naturaleza apresurados, las urgencias de ciclos políticos cortos nos introducen en una especie de acelerador. Proponemos soluciones sin diagnóstico; sin haber apenas empezado a definir el método de análisis. Lo estamos viendo: la urgencia por teñir de objetividad las decisiones sin haber fijado previamente criterios de conteo de contagiados y fallecidos, ha generado el caos comunicativo que tanto daña la percepción que tenemos de las gestiones realizadas.

El diagnóstico de la parte biomédica avanza; el de los otros efectos de la enfermedad pandémica se hace con una superficialidad y falta de rigor que garantizan el fracaso. Sin embargo nos domina una sensación de éxito, una euforia apenas disimulada. Entiendo que la confianza social es un valor que el gobernante debe procurar; pero también que la decepción de expectativas nos lleva a una situación peor; "no entrar con sobrada expectación" dice nuestro Gracián en su ‘Oráculo Manual’.

Damos por segura la producción masiva a costes asumibles de una vacuna, de ‘la vacuna’. Todavía con más rapidez hemos encontrado soluciones a las derivadas no sanitarias: ¡las ‘telesoluciones’! Ventas, trabajo, formación... Haremos ‘lejos’ y mejor, lo que venimos haciendo ‘cerca’.

Partimos de uno de esos sandios principios que resumimos en la expresión ‘en la tele se ve mejor’. Como es tan simplón y torpe no ha costado mucho esfuerzo adaptarlo al nivel del discurso político actual: el teletrabajo nos hace libres, la teleformación protege vidas. Fierabrás.

¿Está fundada la confianza en nuestra capacidad para aplicar telesoluciones? Creo que mientras llamemos ‘comercio electrónico’ a coger un encargo por Whats-app, en Seattle dormirán tranquilos.

Sabemos que ‘tele’ significa ‘lejos’ y que, dependiendo de la posición de partida, cambia de matiz: aproxima lo alejado, aleja lo próximo.

Hoy hablamos de ‘distancia social’. La locución viene de la jerga que describe el lenguaje corporal; es una manera abreviada de referirnos a la distancia que imponen las reglas sociales para no incomodar al interlocutor invadiendo su espacio. Pero en su uso actual no se trata de una distancia que hace cómoda la vida social, sino de alejamiento que, al menos en la antropología mediterránea, dificulta el desarrollo de nuestra socialidad.

Primero alejamos; luego acudimos a telesoluciones como remedio. Mis alumnos están felices y bien junticos en una terraza, pero no puedo hacerles un examen a una docena de ellos en un aula con capacidad para trescientos ¡Como tenemos Meet!…

Ninguno de los que he visto como defensores entusiastas del teletrabajo responde al perfil ‘madre de familia con hijos en edad escolar correteando por la casa’; de hecho, no recuerdo ninguna mujer.

Más precipitado todavía me resulta el ‘menosprecio de profesor y alabanza de teleformación’. No leo que se estén valorando efectos. Por ejemplo, ante un curso grabado sobre literatura americana impartido por Borges, ¿qué otros profesores de conferencias se necesitan?

Me temo que terminaremos dando un ‘barniz’ de teleformación. Algo del tipo ‘teledeberes’. Como tantas veces. Profesor que graba su clase de cincuenta minutos con uno de esos objetivos que hacen nariz de Obélix, y se conecta con una pantalla de cabecitas deformes que recuerda los videoclips de los Talking Heads. Carne de ‘meme’.

No me tienen que convencer de las posibilidades de las tecnologías, pero el salto masivo en unas semanas de todo el sistema educativo a entornos virtuales es simplemente inverosímil; es decir, increíble. Con recursos y reflexión, pueden hacerse desarrollos auxiliares, que completen o aligeren el esfuerzo formativo. Luego, en mi opinión, desarrollar desde cero algún proyecto pequeño, dirigido a público objetivo seleccionado con las mejores actitudes y estrategias de autoaprendizaje; con medios profesionales de grabación y edición... Hay que garantizar el éxito y fijar un plan de trabajo de no menos de una década para cubrir con estas tecnologías una parte importante de nuestra oferta formativa. Soy así de optimista.

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