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Opinión

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Un pensamiento mágico

ACTUALIZADA 29/05/2020 A LAS 02:00
Los trabajadores de Nissan se concentran en Zona Franca y queman neumáticos
Los trabajadores de Nissan se concentraron en la Zona Franca y quemaron neumáticos tras el anuncio de cierre de la planta en Barcelona.
Andreu Dalmau

En la anterior crisis pasaron unos meses desde que empezó a toser la economía especulativa hasta que la bola termino de rodar cuesta abajo y asomó la miseria a las calles. En esta, que ha afectado desde el primer momento a la producción, las cosas van mucho más rápido y ya están engrosándose otra vez las filas ante los comedores sociales y los montes de piedad en las ciudades. Por los rostros, se puede apreciar que muchos repiten, pero también que hay nuevas vidas quebradas. Mientras, por todo el mundo aprietan tanto la automatización como el control social basados en las tecnologías digitales, y se aceleran unas cuantas reconversiones en marcha o pendientes que han encontrado su momento en la pandemia de la covid-19: entran en cuestión los modelos vigentes de movilidad urbana, la construcción de automóviles privados, la popularización de la aviación civil, el mantenimiento del comercio de proximidad o del turismo intensivo, incluso el ocio nocturno… Está habiendo muchos movimientos sin que se tome conciencia de ellos ni haya debate, sin un rumbo fijado colectivamente.

En 2008, cuando todo estaba también muy revuelto, se llegó a hablar de refundar el capitalismo con otras reglas, más humanas, aunque fuese para salvar el sistema. Evidentemente, nada de aquello prosperó. Ahora, ni eso, ni la palabrería. Más allá de las iniciativas que han ligado una posible recuperación a apostar por la transición ecológica con la que hacer frente a la gran crisis de fondo, que es la climática, solamente existe una decepcionante parálisis intelectual y de acción entre las clases directivas, las de aquí y en toda Europa. Su inacción en momentos difíciles demuestra una escasísima capacidad de empatía con sus gobernados, clientes o empleados. Confiar en que esto pasará sin una intervención decidida y radicalmente innovadora, en que se reactivará sin más el tinglado mundial basado en un consumo de recursos y un lucro sin límites, y este modelo seguirá tirando indefinidamente, se parece cada vez más a un pensamiento mágico.

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