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Hechos, opiniones y científicos

ACTUALIZADA 21/05/2020 A LAS 02:00
Opinión
Hechos, opiniones y científicos.
KRISIS'20

Este coronavirus nos está enfrentando a viejos e inevitables asuntos: muerte, enfermedad, poder, pobreza, miedo, solidaridad, esperanza… Son ‘problemas’ que piden respuestas situadas, contextualizadas en el tiempo y lugar donde se vive, a veces oponiendo la conciencia personal a las normas de la comunidad. Son retos que nunca percibimos en su totalidad, pues no tenemos una mirada que alcance todo lo que hay que saber y con dominio absoluto de la realidad.

Estamos limitados para explicar y entender tanto lo pasado, lo presente como lo futuro. Estamos siempre constreñidos al aquí y ahora propio de nuestra condición humana. Somos mortales que jugamos con la memoria de lo que fue, de lo que nos han enseñado y hemos aprendido, pero también con las conjeturas de lo que puede ser. Queremos certezas y buscamos rutinas, reglas, leyes que aporten sentido ante la incertidumbre de la vida. Y más cuando los cambios transforman la condiciones de contorno. Incluso los más aventureros buscan garantías, seguridad y verdad. Buscamos rocas, pero es difícil salir de las arenas movedizas.

Somos solo humanos. Y por eso mismo, a nadie le gusta que le den gato por liebre. Ni nadie camina hacia el sur, si busca el norte. Aunque también sabemos que quienes no tienen rumbo, siempre aciertan. Por eso, ‘dondiar, dondiar’ solo cuando no hay nada que hacer ni conseguir. Ahora bien, cuando llega una enfermedad, una pandemia que muestra las fauces de la muerte, el primer reflejo es sobrevivir. Para ello, buscamos soluciones urgentes. Queremos que sean ciertas y seguras. Algo que solo podremos confirmar con la perspectiva que nos dará el tiempo.

El SARS-CoV-2 ha quebrado una buena parte de nuestras inercias y seguridades cotidianas. Para salvarnos, el Gobierno de Sánchez ha asumido el poder de manera absoluta. Y utiliza a un médico epidemiólogo, Fernando Simón, convertido en burócrata al servicio del poder político, para contar el relato de lo que sucede. Trabaja como científico del Estado. Cumple la función asignada en un sistema social donde los medios de propaganda construyen la narrativa oficial de los hechos. El papel de este científico al servicio del Gobierno es explicar, aclarar y justificar las decisiones políticas que Sánchez y los suyos quieren aplicar. Supuestamente, priorizando la salud y el bienestar de la ciudadanía. Argumentado ‘siempre’ desde esa ‘ciencia médica’ que utilizan como escudo contra cualquier discrepancia. No quisiera estar en su papel.

A medida que pasan las semanas, se producen las incontables contradicciones de sobra conocidas: por la boca muere el pez. Y ya sabemos que quien tiene boca se equivoca; pero las explicaciones y conjeturas del Sr. Simón han servido para una cosa y para su contraria. Recurre a los datos que tiene en el momento de hablar, en su ‘ahora mismo’, donde se esconde la trampa y la paradoja que algunos alimentan.

Cuando alguien afirma que la ciencia se basa en hechos y no en opiniones está sustrayendo el carácter intersubjetivo y consensuado del conocimiento científico. La ‘doxa científica’ es distinta de la ‘popular’, pero funciona igualmente por consenso social. Las ciencias son mucho más que esa ‘Ciencia’ que gustan nombrar quienes solo son una parte del edificio del conocimiento humano. Los hechos son los que son, el mundo es como es, lo complicado es explicarlo y explicarse. El conocimiento científico es resultado del intercambio de interpretaciones sobre los datos disponibles, de opiniones de quienes aplican procesos de observación con instrumentos que siempre tienen margen de error. Como bien explicaron Jean Piaget y Rolando García, "un hecho es, siempre, el producto de la composición entre una parte provista por los objetos y otra construida por el sujeto. La intervención de este último es tan importante que puede llegar hasta a una deformación o, aún más, a una represión o rechazo del observable, lo cual desnaturaliza el hecho en función de la interpretación". Esta pandemia confirma que necesitamos más pensamiento crítico y menos cuentos de esos expertos que, con los datos adecuados, apoyan al Gobierno, poniéndose al servicio del poder, dictando lo que quieren oír y cercenando nuestra libertad.

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