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Talento

Por
  • José Antonio Mayoral
ACTUALIZADA 19/05/2020 A LAS 10:55
RECURSOS ZARAGOZA. PARANINFO / 26-10-2017 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Escalera principal del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Recuperar valores que habíamos sacrificado en aras del sacrosanto mercado será uno de los resultados de esta terrible crisis. La emergencia sanitaria nos ha obligado a reflexionar sobre cualidades esenciales y a dar más importancia a palabras que habíamos encasillado en alguna de sus acepciones.

Una de ellas es 'talento ', sinónimo de inteligencia, que habíamos circunscrito al ejercicio de ciertas actividades. La RAE recuerda en su diccionario que talento es también 'aptitud', la «capacidad para el desempeño de algo». Y esta crisis ha dejado patente que disponemos de muchos ciudadanos y ciudadanas con capacidades, con frecuencia poco valoradas y menos remuneradas, que son esenciales para mantener el engranaje de la sociedad y salvar vidas: las personas que mantienen la producción agrícola y el transporte, que trabajan en supermercados y tiendas de alimentación y, desde luego, quienes sostienen el sistema sanitario.

Me referiré ahora a una acepción de talento más común, la que afecta a nuestro personal investigador: profesionales con carreras difíciles, bajos salarios iniciales y financiación escasa, a quienes ahora pedimos que nos saquen del atolladero. Y no solo investigadores del ámbito biotecnológico y biosanitario, también de otros como el matemático, ingenieril, sociológico, económico, geográfico y un largo etcétera, cuyo papel pone de manifiesto cómo en nuestra sociedad interconectada los compartimentos estancos son un entorno inadecuado para afrontar los grandes problemas.

Cuando se habla de talento investigador surgen dos palabras mágicas, 'atraer' y 'retener', imprescindibles sin duda para el desarrollo de las actividades investigadora y universitaria. Sin embargo, hay otra palabra previa: 'formar', ya que el talento que queremos retener debe ser previamente formado.

Estos días aplaudimos con justicia la labor de sanitarios y sanitarias, y esperamos soluciones de nuestro personal investigador. Pero quizá no valoramos de manera suficiente a nuestro cuerpo docente, capaz de reinventarse para seguir formando a distancia todo el talento que necesitaremos en el futuro. Esa labor de formación, costosa en esfuerzo y recursos, que empieza en el nivel preescolar y puede llegar -debe llegar, en el caso de la investigación- al doctorado, es imprescindible para el progreso de la sociedad.

Espero que la crisis no deje de lado algunos servicios esenciales en favor de otros que requieren una atención inmediata. Lo que hoy puede parecer menos urgente es lo que fortalecerá a la sociedad frente a futuras crisis. El talento no se improvisa y tratar de importar todo el que se necesita resulta mucho más caro que apostar de forma decidida por la formación. Además, olvidar esta realidad limitaría la proyección de nuestra juventud. Y, como señaló recientemente el secretario general de la ONU, "el mundo no se puede permitir una generación de jóvenes perdida, sus vidas echadas para atrás por la covid-19 y sus voces sofocadas por la falta de participación". Pues eso, no nos lo podemos permitir.

José Antonio Mayoral es rector en funciones de la Universidad de Zaragoza

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