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Opinión

la rotonda

¿Hacia un nuevo paradigma?

Por
  • Alberto Díaz Rueda
ACTUALIZADA 19/05/2020 A LAS 02:00
Opinión
El mito de Sísifo
Pixabay

Con el desafío global que supone la covid, da la impresión de que la Humanidad se enfrenta por primera vez a un nuevo paradigma, diferente al de los anteriores cambios históricos. T. S. Eliot, que escribió sus ‘Cuatro cuartetos’ al filo de la Segunda Guerra Mundial, estaba fascinado por la salvaje muerte de una época y de un sistema de valores y horrorizado por el ignoto futuro que iba a comenzar y cuyo motor era una guerra devastadora. Sin duda, estamos viviendo un temor reverencial y una inseguridad semejantes, que nos conmueven de forma angustiosa.

Podríamos estar viviendo un apocalipsis vírico que cuestiona todos nuestros esquemas, las formas de vida, las estructuras relacionales, económicas, sociales... Al mismo tiempo que lo hacen las del poder político y la codicia económica, superadas por el desafío de la covid. El virus ha colocado un huevo de serpiente en el centro de nuestra arrogante civilización no igualitaria, no solidaria, egoísta, derrochadora y rapaz con un planeta ya esquilmado.

El concepto de paradigma de Thomas Kuhn se refería al conjunto de compromisos que comparte la comunidad científica respecto a teorías, conceptos ontológicos, sistemas de creencias y modelos. Hoy le damos el significado de una cultura hegemónica determinada, la del capitalismo liberal occidental, aceptado por el resto del mundo, al menos en sus aspectos económicos. Este es el escenario que está desvirtuando la covid. Se trata de un ‘universo de discurso’, como diría Wittgenstein, que está amenazado y cuyas defensas han quedado obsoletas.

La cuestión más enigmática es la respuesta que vamos a dar como especie a esta transformación. Las dos opciones más obvias pasan, la primera, por un rechazo del cambio y un suicida intento de imponer a la Naturaleza la defensa de los intereses más espurios; y la segunda, tras una revolución de los más capaces e informados, por tratar de ajustar la existencia humana a las directrices de supervivencia que imponen las circunstancias, utilizando la tecnología y concibiendo de manera diferente el trabajo, las relaciones, la producción de alimentos, el acceso a los recursos, el respeto al medio ambiente... en suma, un cambio sistémico que nos lleve a colaborar globalmente respetando el orden, la seguridad y la libertad. Y aceptando que el hombre tiene en su mano la llave del futuro viable.

Sin embargo, los detentadores de los poderes políticos y económicos, cuyo instinto básico es la permanencia en él y los beneficios financieros, son una variable con la que hay que contar y que hace casi imposible la segunda opción. Pero ni ellos podrán evitar que esta inclemente excepcionalidad de la pandemia levante el velo de supuesta normalidad que ocultaba una existencia sin ideales, materialista, consumista hasta el derroche, deshumanizada, con una brecha cada vez más profunda entre unos pocos ricos y una mayoría de pobres, una humanidad instalada en el ‘tener’ y olvidada del ‘ser’. Y eso crea una dinámica de regreso: la historia nos enseña que ese tipo de estadios de crueldad y abuso llevan a la revolución, la violencia y el caos. Y volver a empezar, la teoría de la fatal reincidencia en sus errores del animal humano, condenado como Sísifo a subir una piedra enorme que luego volvía a caer y el hombre a arrastrarla una vez más hasta la cima. Quizá la supuesta piedra es el propio ser humano, al que la dinámica histórica conduce una y otra vez a la cumbre con mucho esfuerzo y, una vez allí, el hombre se deja resbalar hasta el fondo atraído por el abismo. Freud sostenía que las dos fuerzas de la vida son Eros, el amor, y Tánatos, la muerte. Parece que, según la historia de la condición humana, Tánatos, el abismo, prevalece sobre el amor.

Eliot nos invita en uno de los poemas del libro citado a optar por la segunda vía: "De prisa, aquí, ahora, siempre / una condición de sencillez absoluta / (cuyo precio es nada menos que todo) / y todo irá bien / y toda clase de cosas saldrá bien". Y si no logramos consensuar la vía de la cooperación, otros versos de Eliot, igualmente proféticos, nos son aplicables: "La Palabra en el desierto / es atacada sobre todo por voces de tentación / la Sombra que solloza en la danza fúnebre / el sonoro lamento de la Quimera desolada".

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