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Opinión

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Los niños, los mayores y el virus

ACTUALIZADA 26/04/2020 A LAS 02:00
Un niño se asoma a la ventana con mascarilla, en una población de Madrid.
Un niño se asoma a la ventana con mascarilla, en una población de Madrid.
Óscar J. Barroso / Europa Press

España ha consumido una semana de debate sobre la decisión, el alcance y los pormenores de la salida diaria de los niños ante el confinamiento. Una medida importante, sin duda, pero no trascendental y que ha generado una polémica un tanto interesada frente a un escenario terrible que arroja la cifra de más de 3.000 personas muertas en el mismo periodo. Entre la decisión anunciada por Sánchez y el despropósito diario de contradicciones del Gobierno sobre el alcance y los detalles de la buena noticia, se ha desviado la atención por parte del Ejecutivo, que intenta doblegar la terrible curva de casos de la pandemia más con palabras que con hechos. Con todos los respetos, tan importante es que a los niños de 5 años les dé el aire un rato como que los adolescentes de 16 puedan hacer deporte de una vez. Y los padres saben bien qué resulta más complejo de gobernar en un domicilio. Pero mucho más determinante que todo ello es la necesaria actuación y la diligencia para evitar más casos de contagios entre los mayores, sobre los que no se aprecian ni se conocen nuevas medidas de mejora frente a una situación que supera el horror, especialmente en las residencias. ¿Cuánto tiempo le ha dedicado el Gobierno central a ello en los últimos siete días? ¿Qué decreto específico se ha aprobado? ¿Qué medidas coordinadas con las comunidades autónomas se han desplegado para intentar frenar la mayor tragedia que ha sufrido España en las últimas décadas? Los mayores se mueren en las residencias, más de 500 en las de Aragón, mientras las dimisiones se presentan como enemigas de la inoperancia, porque no se conoce ni una en todo el territorio nacional. Las administraciones deben de estar satisfechas con su actuación. Se nos mueren los mayores a diario por el virus, los contabilizados y los que no, mientras el debate nacional se centra en si el niño tiene que bajar a la calle con la pelota de plástico o con el balón de reglamento. Ya sabemos lo que cantaba Serrat al respecto, muy apropiado para las vivencias de estos días. Acaso solo nos queda agarrarnos a la fe para que quien no sabe cómo sacar a los niños a la calle acierte en cómo levantar todo un país.

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