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Más seguridad, menos libertad

OPINIÓNACTUALIZADA 04/04/2020 A LAS 02:00
Mal de pantallas
'Más seguridad, menos libertad'.
I+G

Hace siete décadas, George Orwell describió en la más famosa de sus novelas, ‘1984’, un inexistente régimen dictatorial. Se sustentaba en un omnipresente sistema de vigilancia masiva, el Gran Hermano que todo lo observa y lo muestra en telepantallas instaladas por todos los rincones. En China hay en la actualidad 200 millones de cámaras de vigilancia, muchas de ellas provistas de una técnica eficiente de reconocimiento facial. Ahora, la dictadura comunista promociona su modelo de Estado policial digital como el que ha conseguido doblegar al coronavirus sobre la base de un férreo control de sus ciudadanos mediante la utilización del ‘big data’,

China es un Estado donde apenas existe la esfera privada. Por eso, las autoridades controlan prácticamente todo de sus ciudadanos, desde con quién hablan hasta la temperatura corporal. Otros países asiáticos como Japón, ambas Coreas, Hong Kong, Taiwán o Singapur también comparten, en diferente grado, una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural confucianista y colectivista. Las personas son menos individualistas y más obedientes que en Europa. Confían más en el Estado, que organiza la vida cotidiana de forma mucho más estricta. Sobre todo para enfrentarse al virus, los asiáticos confían sin reticencias en la vigilancia digital y la recopilación masiva de datos. Así lo ha glosado Byung-Chul Han, el célebre filósofo de origen surcoreano que desarrolla su carrera en Alemania.

Pekín vende su modelo y muchos se lo compran, presas del miedo al avance de la pandemia, sin reparar siquiera en que, si China hubiese sido una democracia con libertad de prensa, esto no hubiese sucedido. La información que se ocultó a finales de diciembre hubiese sido clave para tener dos meses más para luchar contra la propagación del virus. Pero el hecho es que la crisis del Covid-19 va a traer un cambio de costumbres, copiando lo que se hace en Asia: internet sabe en todo momento dónde estás y se lo chiva al Estado. Con la disculpa de protegerte del contagio de este virus y de otros, el Estado sabe todo de ti, si has estado en zonas de riesgo, si tu test es o no es positivo y si es positivo te pone en cuarentena. Seguridad a cambio de privacidad.

Internet ya se había configurado como un medio esencial en la realización de todo tipo de actividades y su uso ya empezaba a estar interiorizado en todos los segmentos de edad. Persistía, no obstante, el debate entre tecnófobos y tecnófilos. El propio Byung-Chul Han (‘Psicopolítica’, 2019), entre otros, ha tratado el tema y ha disparado las alertas. Todo esto ha quedado atrás por el Covid-19. No va a ser la tecnología sino la biología la que acelere la digitalización del mundo.

Un virus (no informático) está multiplicando exponencialmente nuestra dependencia de los dispositivos electrónicos. No se adivina nada que vaya a impedir que el actual confinamiento en nuestras casas con varias pantallas imprescindibles (desde el teléfono móvil al ordenador, pasando por la televisión) y la consiguiente acumulación exponencial de conocimiento en biotecnología, informática, ingeniería de sistemas o de datos complete en un tiempo récord la revolución tecnológica que ya estábamos viviendo. De hecho, empresas como Google, Amazon, Facebook, Microsoft o Netflix están recibiendo estos días una brutal e inesperada inyección de dinero y de datos que va a impulsar todavía más el desarrollo de los algoritmos y la inteligencia artificial.

Además del poder de la informática para controlar los contagios, pronto se destacará que también detectó la epidemia antes que la Organización Mundial de la Salud. El 9 de enero, la OMS notificó públicamente que había un brote similar a la gripe en China. El 31 de diciembre, una plataforma canadiense que acumula automáticamente información de salud ya había dado la noticia a sus clientes. Bluedot utiliza un algoritmo que rastrea noticias, comunicados, mensajes y datos en numerosos idiomas sobre enfermedades de animales y plantas.

Angustiados dentro de sus hogares, millones de ciudadanos se están preguntando hoy quién está más capacitado para gestionar una pandemia: la OMS, los gobiernos nacionales o la inteligencia artificial a través de los algoritmos. El miedo está guiando la respuesta.

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